19.10.08

¿Quién era Milton Friedman?



Paul Krugman.

Profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008.

New York Times Service, 2008.


La historia del pensamiento económico en el siglo XX es algo parecida a la del cristianismo en el XVI. Hasta que John Maynard Keynes publicó su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero en 1936, la ciencia económica -al menos en el mundo anglosajón- estaba completamente dominada por la ortodoxia del libre mercado. De vez en cuando surgían herejías, pero siempre se suprimían. La economía clásica, escribía Keynes en 1936, "conquistó Inglaterra tan completamente como la Santa Inquisición conquistó España".
Y la economía clásica decía que la respuesta a casi todos los problemas era dejar que las fuerzas de la oferta y la demanda hicieran su trabajo. El mundo necesita ahora una contra-contrarreforma contra el absolutismo del libre mercado.
Pero la economía clásica no ofrecía ni explicaciones ni soluciones para la Gran Depresión.
Hacia mediados de la década de 1930, los retos a la ortodoxia ya no podían contenerse.
Keynes desempeñó la función de Martín Lutero, al proporcionar el rigor intelectual necesario para hacer la herejía respetable. Aunque Keynes no era ni mucho menos de izquierdas -vino a salvar el capitalismo, no a enterrarlo-, su teoría afirmaba que no se podía esperar que los mercados libres proporcionaran pleno empleo, y estableció una nueva base para la intervención estatal a gran escala en la economía.
El keynesianismo constituyó una gran reforma del pensamiento económico. Inevitablemente, le siguió una contrarreforma. Diversos economistas desempeñaron un papel importante en la gran recuperación de la economía clásica entre los años 1950 y 2000, pero ninguno fue tan influyente como Milton Friedman. Si Keynes era Lutero, Friedman era Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas. Y al igual que los jesuitas, los seguidores de Friedman han actuado como una especie de disciplinado ejército de fieles y provocado una amplia, pero incompleta, retirada de la herejía keynesiana. A finales de siglo, la economía clásica había recuperado buena parte de su anterior hegemonía, aunque ni mucho menos toda, y a Friedman le corresponde buena parte del mérito.No quiero llevar demasiado lejos la analogía religiosa.
La teoría económica aspira al menos a ser ciencia, no teología; se ocupa de la tierra, no del cielo. La teoría keynesiana se impuso en un principio porque era mucho mejor que la ortodoxia clásica a la hora de dar sentido al mundo que nos rodea, y la crítica de Friedman a Keynes adquirió tanta influencia porque supo detectar los puntos débiles del keynesianismo.
Y sólo a modo de aclaración: aunque este artículo sostiene que Friedman estaba equivocado en algunos aspectos, y a veces parecía poco sincero con sus lectores, le considero un gran economista y un gran hombre.Milton Friedman desempeñó tres funciones en la vida intelectual del siglo XX.
Estaba el Friedman economista de economistas, que escribía análisis técnicos, más o menos apolíticos, sobre el comportamiento de los consumidores y la inflación. Estaba el Friedman emprendedor político, que pasó décadas haciendo campaña en nombre de la política conocida como monetarismo y que acabó viendo cómo la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra adoptaban su doctrina a finales de la década de 1970, sólo para abandonarla por inviable unos años más tarde. Por último, estaba el Friedman ideólogo, el gran divulgador de la doctrina del libre mercado.
¿Desempeñó el mismo hombre todas estas funciones?
Sí y no.
Las tres estaban guiadas por la fe de Friedman en las verdades clásicas de la economía del libre mercado. Además, su eficacia como divulgador y propagandista descansaba en parte en su merecida fama de profundo economista teórico.
Pero hay una diferencia importante entre el rigor de su obra como economista profesional y la lógica más laxa y a veces cuestionable de sus pronunciamientos como intelectual público. Mientras que la obra teórica de Friedman es universalmente admirada por los economistas profesionales, hay mucha más ambivalencia respecto a sus pronunciamientos políticos y en especial su trabajo divulgativo. Y debe decirse que hay serias dudas respecto a su honradez intelectual cuando se dirigía a la masa de ciudadanos.
Pero dejemos de lado por el momento el material cuestionable y hablemos de Friedman en cuanto teórico económico. Durante la mayor parte de los dos siglos pasados, el pensamiento económico estuvo dominado por el concepto del Homo economicus.
El hipotético Hombre Económico sabe lo que quiere; sus preferencias pueden expresarse matemáticamente mediante una función de utilidad, y sus decisiones están guiadas por cálculos racionales acerca de cómo maximizar esa función: ya sean los consumidores al decidir entre cereales normales o cereales integrales para el desayuno, o los inversores que deciden entre acciones y bonos, se supone que esas decisiones se basan en comparaciones de la utilidad marginal, o del beneficio añadido que el comprador obtendría al adquirir una pequeña cantidad de las alternativas disponibles.
Es fácil burlarse de este cuento. Nadie, ni siquiera los economistas ganadores del Premio Nobel, toma las decisiones de ese modo. Pero la mayoría de los economistas, yo incluido, consideramos útil al Hombre Económico, quedando entendido que se trata de una representación idealizada de lo que realmente pensamos que ocurre.
Las personas tienen preferencias, incluso si esas preferencias no pueden expresarse realmente mediante una función de utilidad precisa; por lo general toman decisiones sensatas, aunque no maximicen literalmente la utilidad.
Uno podría preguntarse por qué no representar a las personas como realmente son.
La respuesta es que la abstracción, la simplificación estratégica, es el único modo de que podamos imponer cierto orden intelectual en la complejidad de la vida económica. Y la suposición del comportamiento racional es una simplificación especialmente fructífera.
La cuestión, sin embargo, es hasta dónde se puede llevar. Keynes no atacó de lleno al Hombre Económico, pero a menudo recurría a teorías psicológicas verosímiles y no a un cuidadoso análisis de qué haría una persona que tomara decisiones racionales.
Las decisiones empresariales estaban guiadas por impulsos viscerales (animal spirits); las decisiones de consumo, por una tendencia psicológica a gastar parte, pero no la totalidad, de un aumento de la renta; los acuerdos salariales, por un sentido de la equidad, y así sucesivamente.
¿Pero era realmente una buena idea reducir tanto la función del Hombre Económico?
No, decía Friedman, que en un artículo de 1953 titulado The methodology of positive economics [La metodología de la economía positiva] sostenía que las teorías económicas no deberían juzgase por su realismo psicológico, sino por su capacidad para predecir el comportamiento. Y los dos mayores triunfos de Friedman como economista teórico procedieron de aplicar la hipótesis del comportamiento racional a cuestiones que otros economistas habían considerado fuera del alcance de dicha hipótesis.
En un libro de 1957 titulado Una teoría de la función del consumo -no exactamente un título que agradara a las masas, pero sí un tema importante-, Friedman sostenía que el mejor modo de entender el ahorro y el gasto no es, como había hecho Keynes, recurrir a una teorización psicológica laxa, sino, por el contrario, pensar que los individuos hacen planes racionales sobre cómo gastar su riqueza a lo largo de la vida.
Ésta no era necesariamente una idea antikeynesiana; de hecho, el gran economista keynesiano Franco Modigliani planteó de manera simultánea e independiente el mismo argumento, incluso con más cuidado, al considerar el comportamiento racional, en colaboración con Albert Ando.
Pero sí señalaba un retorno a los modos de pensar clásicos, y funcionaba. Los detalles son un poco técnicos, pero la "hipótesis de la renta permanente" planteada por Friedman y el "modelo del ciclo vital" de Ando y Modigliani resolvían varias paradojas aparentes sobre la relación entre renta y gasto, y todavía hoy siguen constituyendo las bases de cómo estudian los economistas el gasto y el ahorro.
El trabajo sobre el comportamiento de los consumidores habría forjado por sí solo la fama académica de Friedman. Sin embargo, obtuvo un triunfo al aplicar la teoría del Hombre Económico a la inflación. En 1958, el economista neozelandés A. W. Phillips señalaba que existía una correlación histórica entre el desempleo y la inflación, de modo que la inflación iba asociada a un bajo desempleo y viceversa. Durante un tiempo, los economistas trataron esta correlación como si fuera una relación fiable y estable. Esto provocó un debate serio sobre qué punto de la curva de Phillips debería escoger el Gobierno.
¿Debería Estados Unidos, por ejemplo, aceptar una tasa de inflación más alta para alcanzar una tasa de desempleo más baja?
En 1967, sin embargo, Friedman pronunciaba ante la Asociación Económica Estadounidense una conferencia presidencial en la que sostenía que la correlación entre inflación y desempleo, aun siendo visible en los datos, no representaba una verdadera compensación, al menos no a largo plazo. "Siempre hay", decía, "una compensación temporal entre inflación y desempleo; no hay una compensación permanente".
En otras palabras, si los políticos intentaran mantener el desempleo bajo mediante una política de generar mayor inflación, sólo conseguirían un éxito temporal. Según Friedman, el desempleo acabaría por aumentar de nuevo, incluso con una inflación elevada. En otras palabras, la economía sufriría la situación que Paul Samuelson más tarde denominaría "estanflación".
¿Cómo llegó Friedman a esta conclusión? (Edmund S. Phelps, premio Nobel de Economía de este año, había llegado de manera simultánea e independiente al mismo resultado).
Como en el caso de su trabajo sobre el comportamiento de los consumidores, Friedman aplicó la idea del comportamiento racional. Sostenía que después de un periodo de inflación sostenido, las personas introducirían las expectativas de inflación futura en sus decisiones, lo cual anularía cualquier efecto positivo de la inflación sobre el empleo. Por ejemplo, una de las razones por las que la inflación puede aumentar el empleo es que contratar a más trabajadores se vuelve más rentable cuando los precios suben más que los salarios. Pero en cuanto los trabajadores comprenden que el poder de adquisición de sus salarios se verá erosionado por la inflación, exigen por adelantado acuerdos de subida salarial más elevados, para que los salarios alcancen el mismo nivel que los precios.
En consecuencia, cuando la inflación se mantiene durante un tiempo, ya no proporciona el mismo impulso al empleo que al principio. De hecho, se producirá un aumento del desempleo si la inflación no cumple las expectativas.En el momento en que Friedman y Phelps propusieron sus ideas, Estados Unidos tenía poca experiencia con la inflación sostenida. De modo que ésta fue verdaderamente una predicción, en lugar de un intento de explicar el pasado. Sin embargo, en la década de 1970, la inflación persistente puso a prueba la hipótesis de Friedman-Phelps.
Sin duda, la correlación histórica entre inflación y desempleo se rompió exactamente como Friedman y Phelps habían predicho: en la década de 1970, mientras la tasa de inflación superaba el 10%, la tasa de desempleo era tan elevada o más que en las décadas de 1950 y 1960, unos años de precios estables. Al fin la inflación se controló en la década de 1980, pero sólo después de un doloroso periodo de desempleo extremadamente elevado, el peor desde la Gran Depresión.
Al predecir el fenómeno de la estanflación, Friedman y Phelps alcanzaron uno de los grandes triunfos de la economía de posguerra. Este triunfo, más que ninguna otra cosa, confirmó a Milton Friedman en su categoría de grande entre los economistas, independientemente de lo que pudiera pensarse de sus demás funciones.
Una interesante anotación: aunque avanzó mucho en la aplicación del concepto de racionalidad individual a la macroeconomía, también sabía dónde parar. En la década de 1970, algunos economistas llevaron más lejos aún el análisis de Friedman, llegando a sostener que no hay una compensación útil entre inflación y desempleo ni siquiera a corto plazo, porque los ciudadanos anticiparán las acciones del Gobierno y aplicarán esa anticipación, así como la experiencia pasada, al establecimiento de precios y a las negociaciones salariales.
Esta doctrina, conocida como las "expectativas racionales", se extendió por buena parte de la economía académica. Pero Friedman nunca la aceptó. Su sentido de la realidad le advertía de que esto era llevar demasiado lejos la idea del Homo economicus. Y así se demostró: la conferencia pronunciada por Friedman en 1967 ha superado la prueba del tiempo, mientras que las opiniones más extremas propuestas por los teóricos de las expectativas racionales en los años setenta y ochenta no la han superado."
A Milton todo le recuerda la oferta monetaria. Bien, a mí todo me recuerda el sexo, pero no lo pongo por escrito", escribía en 1966 Robert Solow, del MIT.
Durante décadas, la imagen pública y la fama de Milton Friedman se definieron en gran medida por sus pronunciamientos sobre la política monetaria y su creación de la doctrina conocida como monetarismo. Sorprende darse cuenta, por tanto, de que el monetarismo se considera en gran medida un fracaso, y que parte de lo dicho por Friedman sobre el dinero y la política monetaria -al contrario que lo que dijo acerca del consumo y la inflación- parece haber sido engañoso, y quizá de manera deliberada.
Para comprender de qué trataba el monetarismo, lo primero que hay que saber es que la palabra dinero no significa exactamente lo mismo en economía que en el lenguaje común. Cuando los economistas hablan de oferta monetaria [en inglés, money supply, oferta de dinero] no se refieren a riqueza en el sentido habitual. Sólo se refieren a esas formas de riqueza que pueden usarse de manera más o menos directa para comprar cosas.
La moneda -trozos de papel con retratos de presidentes muertos- es dinero, y también los depósitos bancarios contra los que se pueden extender cheques. Pero las acciones, los bonos y los bienes raíces no son dinero, porque hay que convertirlos en efectivo o en depósitos bancarios antes de poder usarlos para hacer compras.
Si la oferta monetaria constara sólo de moneda, estaría bajo el control directo del Gobierno, o más precisamente, de la Reserva Federal, un organismo monetario que, como sus homólogos los bancos centrales de muchos otros países, está institucionalmente un poco separado del Gobierno propiamente dicho.
El hecho de que la oferta de dinero incluya también los depósitos bancarios complica un poco la realidad. El banco central sólo tiene control directo sobre la base monetaria -la suma de moneda en circulación, la moneda que los bancos tienen en sus cámaras acorazadas y los depósitos que los bancos guardan en la Reserva Federal-, pero no sobre los depósitos que los ciudadanos tienen en los bancos.
En circunstancias normales, sin embargo, el control directo de la Reserva Federal sobre la base monetaria basta para darle también un control efectivo sobre la oferta monetaria total.Antes de Keynes, los economistas consideraban la oferta monetaria una herramienta primordial de la gestión económica.
Pero él sostenía que en condiciones de depresión, cuando los tipos de interés son muy bajos, los cambios en la oferta monetaria tienen pocas consecuencias sobre la economía. La lógica era la siguiente: cuando los tipos de interés son del 4% o del 5%, nadie quiere que su dinero quede ocioso. Pero en una situación como la de 1935, cuando el tipo de interés de las letras del Tesoro a tres meses era sólo del 0,14%, hay muy poco incentivo para asumir el riesgo de poner el dinero a trabajar.
El banco central podría tratar de estimular la economía acuñando grandes cantidades de moneda adicional; pero si el tipo de interés es ya muy bajo, es probable que el efectivo adicional languidezca en las cámaras acorazadas de los bancos o debajo de los colchones.
En consecuencia, Keynes sostenía que la política monetaria, un cambio en la oferta de dinero circulante para gestionar la economía, sería ineficaz. Y por eso, él y sus seguidores creían que hacía falta una política presupuestaria -en especial un aumento del gasto público- para sacar a los países de la Gran Depresión.
¿Por qué es esto importante?
La política monetaria es una forma de intervención pública en la economía altamente tecnocrática y en gran medida apolítica. Si la Reserva Federal decide aumentar la oferta monetaria, todo lo que hace es comprar unos cuantos bonos del Tesoro a bancos privados, y pagar los bonos mediante anotaciones en las cuentas de reserva de esos bancos: en realidad, todo lo que la Reserva Federal tiene que hacer es acuñar un poco más de base monetaria.
En cambio, la política presupuestaria supone una participación mucho más profunda del sector público en la economía, a menudo de un modo cargado de ideología: si los políticos deciden usar las obras públicas para promover el empleo, tienen que decidir qué construir y dónde.
Por tanto, los economistas con una inclinación al libre mercado tienden a querer creer que la política monetaria es todo lo que hace falta; los que desean un sector público más activo tienden a creer que la política presupuestaria es esencial.
El pensamiento económico tras el triunfo de la revolución keynesiana -como se refleja, por ejemplo, en las primeras ediciones del libro de texto clásico de Paul Samuelson- daba prioridad a la política presupuestaria, mientras que la política monetaria quedaba relegada a los márgenes. Como Friedman decía en la conferencia pronunciada en 1967 ante la Asociación Económica Estadounidense:"La amplia aceptación de las opiniones entre los profesionales de la economía ha hecho que durante dos décadas, prácticamente todos menos unos cuantos reaccionarios pensaran que los nuevos conocimientos económicos habían vuelto obsoleta la política monetaria. El dinero no importaba".
¿Aunque esto tal vez fuese una exageración, la política monetaria no estuvo muy bien considerada en las décadas de 1940 y 1950. Friedman, sin embargo, hizo una cruzada a favor de la propuesta de que el dinero también importaba, la cual culminó con la publicación en 1963 de A monetary history of the United States, 1867-1960, en colaboración con Anna Schwartz.
Aunque A monetary history of the United States es una gran obra de extraordinaria erudición, que abarca un siglo de desarrollos monetarios, su análisis más influyente y controvertido fue el relativo a la Gran Depresión. Friedman y Schwartz afirmaban que habían refutado el pesimismo de Keynes acerca de la eficacia de la política monetaria en condiciones de depresión.
"La contracción" de la economía, declaraban, "es de hecho un trágico testimonio de la importancia de las fuerzas monetarias".
¿Pero qué querían decir con eso?
Desde el principio, la posición de Friedman y Schwartz parecía un poco escurridiza. Y con el tiempo, la presentación que Friedman hacía de la historia se hizo más grosera, no más sutil, y acabó pareciendo -no hay otra forma de decirlo- intelectualmente corrupta.
Al interpretar los orígenes de la Gran Depresión es crucial distinguir entre la base monetaria (dinero más reservas bancarias), que la Reserva Federal controla directamente, y la oferta monetaria (dinero más depósitos bancarios).
La base monetaria aumentó durante los primeros años de la Gran Depresión, subiendo de una media de 6.050 millones de dólares en 1929 a una media de 7.020 millones en 1933.
Pero la oferta monetaria cayó drásticamente, de 26.600 millones a 19.900 millones de dólares. Esta divergencia reflejaba principalmente las consecuencias de la oleada de quiebras bancarias de 1930-1931: a medida que los ciudadanos perdían la fe en los bancos, empezaron a guardar su riqueza en efectivo y no en depósitos bancarios, y los bancos que sobrevivieron empezaron a tener grandes cantidades de efectivo a mano en lugar de prestarlo, para evitar el peligro de un pánico bancario.
La consecuencia fue que se hacían muchos menos préstamos y, por tanto, muchos menos gastos de los que habría habido si los ciudadanos hubieran seguido depositando el efectivo en los bancos, y los bancos hubieran seguido prestando los depósitos a las empresas.
Y dado que el desplome del gasto fue la causa próxima de la depresión, el deseo repentino tanto por parte de los individuos como de los bancos de poseer más efectivo empeoró sin duda la recesión.Friedman y Schwartz sostenían que la caída de la oferta monetaria había convertido lo que podría haber sido una recesión ordinaria en una depresión catastrófica, un argumento de por sí discutible.
Pero incluso poniendo por caso que lo aceptemos, cabe preguntar si puede decirse que la Reserva Federal, que al fin y al cabo aumentó la base monetaria, provocó la caída de la oferta monetaria total. Al menos inicialmente, Friedman y Schwartz no dijeron eso.
Lo que dijeron, por el contrario, fue que la Reserva Federal pudo haber prevenido la caída de la oferta monetaria, en especial acudiendo al rescate de los bancos en quiebra durante la crisis de 1930-1931.
Si la Reserva Federal se hubiera apresurado a prestar dinero a los bancos en apuros, la oleada de quiebras bancarias podría haberse evitado, y eso a su vez podría haber evitado la decisión de los ciudadanos de guardar el dinero en efectivo en lugar de depositarlo en los bancos, y la preferencia de los bancos supervivientes por acumular los depósitos en sus cámaras acorazadas en lugar de prestar esos fondos. Y esto, a su vez, podría haber evitado lo peor de la depresión.A este respecto, tal vez sea útil una analogía.
Supongamos que se desata una epidemia de gripe, y que análisis posteriores indican que una acción adecuada de los centros de control de enfermedades podrían haber contenido la epidemia. Sería justo culpar a las autoridades públicas de no tomar las medidas adecuadas. Pero sería un exceso decir que el Estado causó la epidemia, o usar el fallo de esos centros para demostrar la superioridad de los mercados libres sobre el sector público.
Pero muchos economistas, y todavía más lectores legos en la materia, han interpretado que la explicación de Friedman y Schwartz significa que de hecho la Reserva Federal causó la Gran Depresión; que la depresión es en cierto sentido una demostración de los males de un Estado excesivamente intervencionista.
Y en años posteriores, como he dicho, las afirmaciones de Friedman se volvieron más imprecisas, como si quisiera alimentar esta percepción errónea.
En su alocución presidencial de 1967 declaraba que "las autoridades monetarias estadounidenses siguieron políticas altamente deflacionarias", y que la oferta monetaria cayó "porque el Sistema de la Reserva Federal forzó o permitió una reducción aguda de la base monetaria, al no ejercer las responsabilidades que tenía asignadas", una afirmación extraña dado que, como hemos visto, la base monetaria aumentó de hecho mientras la oferta monetaria caía. (Friedman tal vez se refiriese a dos episodios en los que la base monetaria cayó moderadamente por breves periodos, pero aun así su declaración es, como mínimo, muy engañosa).
En 1976, Friedman les decía a los lectores de Newsweek que "la verdad elemental es que la Gran Depresión se produjo por una mala gestión pública", una declaración que seguramente sus lectores interpretaron como que la depresión no se habría producido si el Estado se hubiera mantenido al margen, cuando de hecho lo que Friedman y Schwartz afirmaban era que el sector público debería haberse mostrado más activo, no menos.
¿Por qué los debates históricos sobre la función de la política monetaria en la década de 1930 importaban tanto en la de 1960?
En parte porque encajaban en el programa más amplio de Friedman en contra del sector público, del que hablaremos más adelante. Pero la aplicación más directa era su defensa del monetarismo. De acuerdo con esta doctrina, la Reserva Federal debía mantener el crecimiento de la oferta monetaria en una tasa baja y constante, por ejemplo, el 3% anual, y no desviarse de ese objetivo, con independencia de lo que ocurriese en la economía.
La idea era poner la política monetaria en piloto automático, eliminando cualquier poder por parte de las autoridades públicas.
El razonamiento de Friedman a favor del monetarismo era en parte económico y en parte político.
Sostenía que el crecimiento constante de la oferta monetaria mantendría una economía razonablemente estable. Nunca pretendió que siguiendo esta norma se eliminarían todas las recesiones, pero sí afirmaba que las variaciones en la curva de crecimiento de la economía serían suficientemente pequeñas como para ser tolerables, de ahí la afirmación de que la Gran Depresión no habría ocurrido si la Reserva Federal hubiera seguido una norma monetarista.
Y junto a esta fe con reservas en la estabilidad de la economía con un régimen monetario se daba su desprecio sin reservas hacia la capacidad de los directivos de la Reserva Federal para hacerlo mejor si se les daba poder para ello.
La demostración de la falta de fiabilidad de la Reserva Federal estaba en el inicio de la Gran Depresión, pero Friedman podía señalar otros muchos ejemplos de políticas que habían salido mal. "Un régimen monetario", escribía en 1972, "aislaría la política monetaria del poder arbitrario de un pequeño grupo de hombres no sujetos al control de los electores, y de las presiones a corto plazo de la política partidista".
El monetarismo fue una fuerza poderosa en el debate económico durante unas tres décadas a partir de que Friedman expusiera por primera vez su doctrina en Un programa de estabilidad monetaria y reforma bancaria, publicado en 1959.
Hoy, sin embargo, es una sombra de lo que era, por dos razones principales.En primer lugar, cuando Estados Unidos y Reino Unido intentaron poner en práctica el monetarismo a finales de los setenta, los resultados fueron decepcionantes: en ambos países, el crecimiento constante de la oferta monetaria no consiguió impedir recesiones graves.
La Reserva Federal adoptó oficialmente objetivos monetarios al estilo Friedman en 1979, pero los abandonó de hecho en 1982, cuando la tasa de desempleo superó el 10%.
Este abandono se hizo oficial en 1984, y desde entonces la Reserva Federal realiza precisamente el tipo de afinación discrecional que Friedman condenaba. Por ejemplo, en 2001 respondía a la recesión reduciendo los tipos de interés y permitiendo que la oferta monetaria creciese a ritmos que en ocasiones superaban el 10% anual. Cuando se convenció de que la recuperación era sólida, la Reserva Federal cambió el rumbo, subiendo los tipos de interés y permitiendo que el crecimiento de la reserva monetaria cayese a cero.
En segundo lugar, desde comienzos de la década de 1980, la Reserva Federal y sus homólogos de otros países han realizado un trabajo razonablemente bueno, debilitando la imagen que Friedman daba de los banqueros centrales, a los que consideraba chapuceros irredimibles.
La inflación se mantiene baja, las recesiones -excepto en Japón, país del que hablaremos enseguida- han sido relativamente breves y leves. Y todo esto ha ocurrido a pesar de las fluctuaciones de la oferta monetaria, que horrorizaban a los monetaristas y que los llevaron -incluso a Friedman- a predecir desastres que no llegaron a materializarse.
Como señalaba David Warsh, de The Boston Globe, en 1992, "Friedman despuntó su lanza prediciendo la inflación en la década de 1980, durante la que se equivocó profunda y frecuentemente".En 2004, el Informe Económico del Presidente, escrito por los muy conservadores economistas del Gobierno de Bush, podía no obstante hacer la altamente antimonetarista declaración de que "una política monetaria audaz", no estable ni constante, sino audaz, "puede reducir la profundidad de una recesión".
Ahora, unas palabras sobre Japón. Durante la década de 1990, Japón experimentó una especie de reproducción a pequeña escala de la Gran Depresión. La tasa de desempleo nunca llegó a los niveles de la Depresión, gracias a un enorme gasto en obras públicas que hizo que cada año Japón, con menos de la mitad de población, vertiese más cemento que Estados Unidos.
Pero las condiciones de tipos de interés muy bajos que se dieron en la Gran Depresión reaparecieron con fuerza. Hacia 1998, el tipo del dinero a la vista, los tipos de los préstamos a un día entre bancos, era literalmente cero.
Y en esas condiciones, la política monetaria resultó tan ineficaz como Keynes había afirmado que lo fue en los años treinta. El Banco de Japón, el equivalente japonés a la Reserva Federal, podía aumentar la base monetaria, y lo hizo. Pero los yenes añadidos se guardaban, no se gastaban.
Los únicos bienes de consumo duradero que se vendían bien, me dijeron por aquel entonces algunos economistas japoneses, eran las cajas fuertes. De hecho, el Banco de Japón se vio incapaz siquiera de aumentar la oferta monetaria tanto como deseaba. Puso en circulación enormes cantidades de efectivo, pero las medidas más generales de oferta monetaria crecieron muy poco. Por fin, hace dos años, iniciaba una recuperación económica, impulsada por una recuperación de la inversión empresarial para aprovechar las nuevas oportunidades tecnológicas.
Pero la política monetaria nunca consiguió arrancar.En efecto, Japón en los años noventa brindó una nueva oportunidad para poner a prueba las opiniones de Friedman y Keynes respecto a la eficacia de la política monetaria en condiciones de depresión. Y claramente los resultados respaldaban el pesimismo de Keynes y no el optimismo de Friedman.
En 1946, Milton Friedman debutó como divulgador de la economía del libre mercado con un panfleto titulado Roofs or Ceilings: The Current Housing Problema [Tejados o techos: el actual problema de la vivienda], escrito en colaboración con George J. Stigler, que más tarde se uniría a él en la Universidad de Chicago.
El panfleto, un ataque contra el control de los alquileres, que todavía era universal inmediatamente después de la II Guerra Mundial, se publicó en circunstancias bastante extrañas: era una publicación de la Fundación para la Educación Económica, organización que, como Rick Perlstein escribe en Before the Storm (2001), su libro sobre los orígenes del movimiento conservador actual, "difundía un evangelio libertario tan drástico que rondaba el anarquismo". Robert Welch, fundador de la John Birch Society, era miembro de su consejo directivo.
Esta primera aventura en la popularización del libre mercado anticipaba de dos maneras el curso de la evolución de Friedman como intelectual público a lo largo de las seis décadas siguientes.En primer lugar, el panfleto demostraba la especial voluntad de Friedman de llevar las ideas del libre mercado hasta sus límites lógicos.
Ni la idea de que los mercados son medios eficientes de asignar bienes escasos ni la propuesta de que los controles de precios crean escaseces e ineficacias eran nuevas. Pero muchos economistas, temiendo la reacción negativa contra una subida repentina de los alquileres (que Friedman y Stigler predecían que sería del 30% para el país en su conjunto), podrían haber propuesto una especie de transición gradual a la liberalización.
Friedman y Stigler quitaban hierro a esas preocupaciones.En décadas posteriores, esta tozudez se convertiría en uno de los sellos característicos de Friedman. Una y otra vez pedía soluciones de mercado a problemas -educación, atención sanitaria, tráfico de drogas ilegales- que en opinión de casi todos los demás exigían una intervención estatal extensa.
Algunas de sus ideas han sido objeto de aceptación generalizada, como sustituir las normas rígidas sobre contaminación por un sistema de permisos de contaminación que las empresas pueden comprar y vender. Otras, como los cheques escolares, tienen un amplio respaldo en el movimiento conservador, pero no han avanzado mucho políticamente. Y algunas de sus propuestas, como eliminar los procedimientos de concesión de licencia para los médicos y abolir la Administración de Alimentos y Medicamentos, las consideran estrambóticas incluso la mayoría de los conservadores.
En segundo lugar, el panfleto demostraba lo bueno que Friedman era como divulgador.
Está escrito de manera elegante y sagaz. No hay jerga; los argumentos se presentan con ejemplos del mundo real inteligentemente escogidos, desde la rápida recuperación de San Francisco tras el terremoto de 1906 hasta los problemas de un ex combatiente en 1946, recién licenciado del ejército, para encontrar un lugar decente donde vivir. El mismo estilo, mejorado por la imagen, marcaría la celebrada serie televisiva de Friedman en la década de 1980 Free to choose [Libre para elegir].
Hay muchas probabilidades de que la gran oscilación hacia las políticas liberales que se produjeron en todo el mundo a comienzos de la década de 1970 se hubiera dado aunque Milton Friedman no hubiese existido. Pero su incansable y brillantemente eficaz campaña a favor de los libres mercados seguramente ayudó a acelerar el proceso, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo.
Desde cualquier punto de vista -proteccionismo frente a libre comercio; reglamentación frente a liberalización; salarios establecidos mediante convenio colectivo y salarios mínimos obligatorios frente a salarios establecidos por el mercado-, el mundo ha avanzado en la misma dirección que Friedman. E incluso más llamativa que su logro en lo referente a los cambios de la política real ha sido la transformación de la opinión general: la mayoría de las personas influyentes se han convertido hasta tal punto al modo de pensar de Friedman que simplemente se da por sentado que el cambio de políticas económicas promovido por él ha sido una fuerza positiva.
¿Pero lo ha sido?
Consideremos en primer lugar los resultados macroeconómicos de la economía estadounidense. Tenemos datos de la renta real -es decir, teniendo en cuenta la inflación- de las familias estadounidenses entre 1947 y 2005. Durante la primera mitad de ese periodo de 55 años, desde 1947 hasta 1976, Milton Friedman era una voz que predicaba en el desierto, cuyas ideas no eran tenidas en cuenta por los políticos.
Pero la economía, a pesar de todas las ineficacias que él denunciaba, mejoró enormemente el nivel de vida de la mayoría de los estadounidenses: la renta media real se duplicó con creces.
Por contraste, en el periodo transcurrido desde 1976, las ideas de Friedman se han ido aceptando cada vez más; aunque siguió habiendo intervención pública de sobra para que él pudiera quejarse, no cabe duda de que las políticas de libre mercado se generalizaron mucho más.
Pero el aumento del nivel de vida ha sido mucho menos fuerte que durante el periodo anterior: en 2005, la renta media real sólo era un 23% superior a la de 1976.Parte de la razón de que a la segunda generación de posguerra no le fuese tan bien como a la primera era la tasa total de crecimiento económico más lenta, un hecho que tal vez sorprenda a quienes suponen que la tendencia hacia el libre mercado ha aportado mayores dividendos económicos.
Pero otra razón importante del retraso en el nivel de vida de la mayoría de las familias es un incremento espectacular de la desigualdad económica: durante la primera generación de posguerra, el aumento de la renta se extendió ampliamente a toda la población, pero desde finales de la década de 1970, la mediana de la renta, la renta de la familia típica, sólo ha subido la tercera parte de la renta media, que incluye la gran subida experimentada por las rentas de la pequeña minoría situada en lo más alto de la pirámide.
Esto plantea una cuestión interesante. Milton Friedman solía asegurar a su público que no hacía falta ninguna institución especial, como el salario mínimo y los sindicatos, para garantizar que los trabajadores compartiesen los beneficios del crecimiento económico.
En 1976 les decía a los lectores de Newsweek que los cuentos de los perjuicios causados por los barones ladrones eran puro mito:"Probablemente no haya habido ningún otro periodo en la historia, en este o en cualquier otro país, en el que el hombre de a pie haya experimentado una mejora tan grande de su nivel de vida como en el periodo transcurrido entre la guerra civil y la I Guerra Mundial, cuando más fuerte era el individualismo desenfrenado".(¿Y qué hay del extraordinario periodo de 30 años posterior a la II Guerra Mundial, que abarcó buena parte de la trayectoria profesional del propio Friedman?).
Sin embargo, en las décadas que siguieron a ese pronunciamiento, mientras se permitía que el salario mínimo cayese por debajo de la inflación y los sindicatos desaparecían en gran medida como factor importante en el sector privado, los trabajadores estadounidenses veían cómo sus fortunas iban a la zaga del crecimiento de la economía en general.
¿Era Friedman demasiado optimista respecto a la generosidad de la mano invisible?
Para ser justos, hay muchos factores que afectan tanto al crecimiento económico como a la distribución de la renta, por lo que no podemos culpar a las políticas friedmanistas de todas las decepciones. Aun así, dada la suposición común de que el cambio a las políticas de libre mercado ha hecho grandes cosas por la economía estadounidense y por el nivel de vida de los estadounidenses corrientes, es asombroso el poco respaldo que los datos proporcionan a esa afirmación.
Dudas similares respecto a la falta de pruebas claras de que las ideas de Friedman funcionan de hecho en la práctica se pueden encontrar, todavía con más fuerza, en Latinoamérica. Hace una década era normal citar el éxito de la economía chilena, en la que los asesores de Augusto Pinochet, educados en Chicago, se habían pasado a las políticas del libre mercado después de que Pinochet se hiciera con el poder en 1973, como prueba de que las políticas inspiradas por Friedman mostraban la senda hacia un próspero desarrollo económico.
Pero aunque otros países latinoamericanos, desde México hasta Argentina, han seguido el ejemplo de Chile en la liberación del comercio, la privatización de empresas y la liberalización, la historia de éxito chilena no se ha repetido.Por el contrario, la percepción de la mayoría de los latinoamericanos es que las políticas neoliberales han sido un fracaso: el prometido despegue del crecimiento económico nunca llegó, mientras que la desigualdad de la renta ha empeorado.
No quiero culpar de todo lo que ha salido mal en Latinoamérica a la Escuela de Chicago, ni idealizar lo sucedido antes, pero hay un asombroso contraste entre la percepción que Friedman defendía y los resultados reales de las economías que se pasaron de las políticas intervencionistas de las primeras décadas de posguerra a la liberalización.
Centrándonos más estrictamente en el tema, uno de los principales objetivos de Friedman era la, en su opinión, inutilidad y naturaleza contraproducente de la mayor parte de la reglamentación pública.
En una necrológica para su colaborador George Stigler, Friedman elogiaba en concreto la crítica de Stigler a la normativa sobre la electricidad, y su argumento de que los reguladores normalmente acaban sirviendo a los intereses de los regulados y no a los de los ciudadanos.
¿Cómo ha funcionado entonces la liberalización?Empezó bien, comenzando con la liberalización del transporte por carretera y de las aerolíneas a finales de la década de 1970.
En ambos casos, la liberalización, aunque no contentó a todos, aumentó la competencia, en general bajó los precios, y aumentó la eficacia. La liberalización del gas natural también fue un éxito.Pero la siguiente gran oleada de liberalización, la del sector eléctrico, fue otra historia.
Al igual que la depresión japonesa de la década de 1990, demostraba que las preocupaciones keynesianas por la eficacia de la política monetaria no eran un mito; la crisis de la electricidad en California en 2000 y 2001 -en la que las compañías eléctricas y las distribuidoras de energía crearon una escasez artificial para hacer subir los precios- nos recordó la realidad que había tras los cuentos de los barones ladrones y sus depredaciones. Aunque otros Estados no sufrieron una crisis tan grave como la de California, en todo el país la liberalización de la electricidad supuso un aumento, no una disminución, de los precios, y unos beneficios enormes para las compañías eléctricas.
Aquellos Estados que, por la razón que fuera, no se subieron al vagón de la liberalización en la década de 1990 se consideran ahora afortunados. Y las más afortunadas son aquellas ciudades que por algún motivo no recibieron el memorando sobre los males del sector público y las bondades del sector privado, y siguen teniendo compañías eléctricas públicas. Todo esto demuestra que los argumentos originales a favor de la reglamentación eléctrica -la observación de que sin reglamentación las compañías eléctricas tendrían demasiado poder monopolístico- siguen siendo tan válidos como siempre.
¿Debería esto llevarnos a la conclusión de que la liberalización es siempre mala idea?
No. Depende de los detalles específicos. Deducir que la liberalización es siempre y en todas partes una mala idea sería incurrir en el mismo tipo de pensamiento absolutista que, se podría decir, fue el mayor defecto de Milton Friedman.
En la reseña de 1965 sobre Monetary history, de Friedman y Schwartz, el fallecido premio Nobel James Tobin acusaba levemente a los autores de ir demasiado lejos. "Considérense las siguientes tres proposiciones", escribía. "El dinero no importa. Sí que importa. El dinero es lo único que importa. Es demasiado fácil deslizarse de la segunda proposición a la tercera". Y añadía que "en su celo y euforia", eso es lo que muy a menudo hacían Friedman y sus seguidores.
La defensa del laissez-faire por parte de Milton Friedman parece haber seguido una secuencia similar. Después de la Gran Depresión, muchos empezaron a decir que los mercados nunca pueden funcionar. Friedman tuvo la valentía intelectual de decir que los mercados sí funcionan, y sus dotes teatrales, unidas a su habilidad para organizar datos objetivos, lo convirtieron en el mejor portavoz de las virtudes del libre mercado desde Adam Smith.
Pero caía con demasiada facilidad en la afirmación de que los mercados siempre funcionan y que son lo único que funciona. Es extremadamente difícil encontrar casos en los que Friedman reconociese la posibilidad de que los mercados pudieran funcionar mal, o de que la intervención pública podía ser útil.
El absolutismo liberal de Friedman ha contribuido a crear un clima intelectual en el que la fe en los mercados y el desdén por el sector público a menudo se imponen a los datos objetivos.
Los países en vías de desarrollo se apresuraron a abrir sus mercados de capitales, a pesar de las advertencias de que eso podría exponerlos a crisis financieras; después, cuando las crisis llegaron como era previsible, muchos observadores culparon a los Gobiernos de esos países, no a la inestabilidad de los flujos de capital internacionales.
La liberalización de la electricidad se produjo a pesar de las claras advertencias de que el poder de monopolio podría ser un problema; de hecho, al tiempo que la crisis de la electricidad en California seguía su evolución, la mayoría de los analistas quitaban importancia a las preocupaciones por el posible amaño de los precios alegando que no eran más que teorías de conspiración descabelladas. Los conservadores siguen insistiendo en que el libre mercado es la respuesta a la crisis sanitaria, frente a las abrumadoras pruebas en contra.
Lo extraño del absolutismo de Friedman respecto a las virtudes de los mercados y los vicios del Estado es que en su trabajo como economista teórico era de hecho un modelo de comedimiento. Como ya he señalado, hizo grandes contribuciones a la teoría económica al resaltar la importancia de la racionalidad individual, pero, a diferencia de algunos de sus colegas, sabía cuándo parar. ¿Por qué no mostró el mismo comedimiento en su papel de intelectual público?
La respuesta, sospecho, es que se vio atrapado en una función esencialmente política. Milton Friedman, el gran economista, sabía reconocer la ambigüedad y la reconocía.
Pero de Milton Friedman, el gran defensor de la libertad de mercado, se esperaba que predicase la verdadera fe, no que manifestase sus dudas. Y acabó desempeñando la función que sus seguidores esperaban. A consecuencia de ello, la refrescante iconoclasia de los primeros años de su carrera se convirtió con el tiempo en una rígida defensa de algo que se había convertido en la nueva ortodoxia.
A la larga, a los grandes hombres se les recuerda por sus virtudes y no por sus defectos, y Milton Friedman fue de hecho un hombre muy grande, un hombre de valentía intelectual que fue uno de los pensadores económicos más importantes de todos los tiempos, y posiblemente el más brillante comunicador de las ideas económicas a los ciudadanos en general que jamás haya existido.
Pero hay buenas razones para sostener que el friedmanismo, al final, fue demasiado lejos, como doctrina y en sus aplicaciones prácticas. Cuando Friedman inició su trayectoria como intelectual público, había llegado la hora de llevar a cabo una contrarreforma contra el keynesianismo, y todo lo que eso conllevaba. Pero lo que el mundo necesita ahora, diría yo, es una contra-contrarreforma.

18.10.08

Principios de pedagogía masónica implícitos en sus Ritos y en sus símbolos


Publicado en el Blog Colectanea Masónica (4/10/2008)

1. El Mundo es una realidad dada, surgida de un principio creador, material o espiritual sobre el que la masonería no se pronuncia- natura naturans-, y es también un proyecto inconcluso, es un Mundo que el ser humano hace habitable humanizándolo.

2. La Masonería considera al hombre y a la mujer, constructores de sí mismos y del Mundo, en pie de igualdad.

3. A pesar de las incoherencias y del caos evidente del Mundo es posible ver una armonía, un orden subyacente con el que podemos colaborar y del que depende la felicidad del ser humano que es un ser llamado a la libertad propia y a contribuir a la generación de condiciones para la libertad de todos los seres humanos.

4. El ser humano –varón y mujer- es alguien inacabado, -que se hace mediante sus proyectos y actos- llamado a construirse permanentemente en compañía de otros con los que comparte amor y reconocimiento. El ser humano es un ser llamado a la búsqueda de la “Maestría” de sí mismo.
5. El masón debe ser una persona que continuamente se pregunta por sí mismo, por los demás y por los fenómenos que le rodean; es un viator en búsqueda del esclarecimiento.

6. Todo masón –mujer o varón- se debe a sí mismo el respeto a su originalidad, a esas condiciones que lo hacen singular, razón por la cual debe ser conocido y atendido de acuerdo con estas características, y debe ese mismo respeto a sus hermanos, y a todos los seres humanos.

7. Cada masón y masona se obliga a la búsqueda de la Sabiduría y al desarrollo de sus capacidades intelectuales, cualesquiera que estas sean, para alcanzar una mejor comprensión del mundo, de sí mismo y de los demás.

8. Cada masón y masona está comprometido, con toda la Fuerza moral de que sea capaz en la defensa y promoción de la dignidad humana proclamada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que son también deberes mutuos.

9. La Belleza es un objetivo del trabajo masónico, y debemos valorar todos los esfuerzos del ser humano por alcanzarla y gozarla a través de todas las Artes; la masonería asume además que la existencia misma puede llegar a ser una obra de Arte.

10. Considera el Mundo desde una perspectiva positiva donde es posible el Amor, la Paz y la Alegría, pero no ignora que la realidad del mundo y del hombre es ambigua. Hay también un lado oscuro en la realidad y en el corazón del ser humano donde puede nacer odio, violencia y tristeza, por eso la conciencia del masón debe estar alerta para trabajar por las mejores posibilidades y no por las peores; tener una visión positiva no elimina la posibilidad del mal personal y social, por el cual tanto las personas, como el propio Mundo pueden ser destruidos moral y físicamente.

11. La masonería no nos obliga a una creencia religiosa positiva determinada, ni tampoco a la increencia, pero sí a considerar con espíritu crítico, respeto y pietas el enigma de la existencia.

12. El uso de los bienes materiales está también sometido a la Regla y Medida de la construcción masónica que nos debe hacer primar el Ser sobre el Tener.

Krugman sabe que no basta interpretar a la ingeniería financiera, hay que cambiarla




Publicat al blog Diario Itinerante (18/10/2008)


La Academia de Ciencias en Estocolmo y economistas de facultad en Estados Unidos insistieron en que el premio Nobel de Economía concedido a Paul Krugman es por su aportación a las ciencias económicas y no su periodismo. Pero, en un momento en el que la historia se acelera con la nacionalización de la banca internacional para salvar el sistema financiero mundial y un peligro grave de recesión larga y profunda, creo que Krugman se merece otro premio por su extraordinaria capacidad para unir teoría y periodismo activista.
Desde su poderosa columna que se publica todos los lunes en el 'New York Times', reproducida en cientos de diarios por Estados Unidos y el mundo, Krugman es un solitario ejemplo de los que Gramsci llamaría praxis. Es decir, como escribió Marx en su contundente reproche a los filósofos del siglo XIX, "No basta con sólo interpretar el mundo sino hace falta cambiarlo".
Y lo que hace falta ahora es imaginar un mundo en el que no existen los derivados financieros, los credit default swaps, las collateral debt obligations, ni los banqueros y especuladores que los usan para ganar billones y chantajear a gobiernos, ni los consejeros delegados que cobran 400 veces más que sus empleados. Para empezar.
Keynes hizo uso de su prosa elegante y mordaz para intervenir en el debate de la desastrosa entre guerra en brillantes fusiones de teoría y polémica desde las "Consecuencias económicas de la guerra" (1919) hasta "La teoría general" (1936) pasando por "The great slump" (1930). Keynes diseccionaba con bisturí la ortodoxia torpe del Tesoro británico en los veinte, al igual que Krugman hace con Henry Paulson.
Sin Keynes habría sido imposible el "New Deal" –la regulación de Wall Street que iniciaría un periodo de 50 años de redistribución económica- y es posible que Krugman aun pueda ayudar a crear un nuevo "New Deal" si sigue presionado cuando Obama esté en la Casa Blanca. Porque, para cambiar el mundo hace falta derribar los argumentos de intereses creados y poderosos. Y esto, como sabían Keynes y sabe Krugamn, requiere no sólo razón sino retórica e ironía.
También requiere una plataforma influyente que, en el caso de Krugman, ha sido aun más difícil en un mundo caótico de ideas e ideologías infinitas e información saturada. Pero ha creado quizás la columna más influyente del mundo en estos momentos, que leemos con hambre y satisfacción porque el gran teórico, la mente maravillosa, dice exactamente lo que sentimos con una indignación moral y espontánea respecto a las horrorosas injusticias económicas de nuestros tiempos.
Esta fusión de teoría rigurosa e indignación moral, me parece, puede ser la primera parte de la praxis de esta crisis. Ya veremos si la organización política y sindical pueden terminarlo en la calle y el lugar de trabajo. Pero si esta crisis financiera del 2008 marca el principio de una nueva era de capitalismo regulado, la vuelta del estado intervencionista, quizás hasta una radical redistribución de la renta y riqueza, Krugman es el economista más estrechamente identificado con este cambio.
Tras años en los que los premios iban año tras año a economistas conservadores de la Universidad de Chicago, el Nobel de Krugman refuerza la sensación -creada en el 2001 con la elección de Joe Stiglitz- de que se está produciendo un cambio importante en la orientación política de las ciencias económicas dominantes.
Sus libros desde "Pop internacionalismo" hasta "The Great unravelling" han movilizado teorías en el nombre de cambio político con una pluma didáctica e irónica como ningún economista desde Keynes.
Nacido en Long Island, estado de Nueva York, Krugman estudió ciencias económicas en el Massachusetts Institute of Technolgoy bajo la tutuela del brillante economista y teórico de comercio Ruddiger Dornbsuch. Curiosamente su primer trabajo de asesoramiento fue en el consejo de asesores económicos de la Casa Blanca, con Reagan, entre 1982 y 1983.
Pero ya tras la crisis financiera de las cajas de ahorro a finales de la década y la recesión posterior, todo fruto de una política ideológica de desregulación, empezó a defender públicamente un "New Deal" que fracasaría en los mercados de bonos al inicio de la nueva administración Clinton. 16 años después, en una situación muy parecida, Krugman propone un cambio de rumbo aun más radical, con un sistema de sanidad pública y políticas radicales de redistribución. Pasa a Obama por la izquierda. "Si Obama no puede encontrar la pasión en los asuntos económicos que le ha faltado, hasta le haría perder esta elección", escribió en agosto.
La fuerza con la que Krugman ha sacado las ciencias económicas de la facultad y el laboratorio de econometría para meterlas de lleno en el debate político, ha enfurecido a otros economistas. "Ha adquirido bastante enemigos", dijo Dani Rodrik de Harvard en declaraciones a Blommberg. "No está en la categoría de Keyens sino de Oprah Winfrey", dijo ayer el economista conservador Doland Luskin. Pero a Krugman –igual que a Keynes- no hay nada que le guste más que sacar de sus casillas a conservadores por debajo de su rango intelectual.




12.10.08

Defender el Ideal Laico

Publicat a Cadena de Unión (14/09/08)

Desde que Nicolás Sarkozy llegó al poder los fundamentos de la República Laica están siendo socavados en Francia de una manera premeditada. En su informe moral, presentado al Convento del GODF, la Comisión Nacional Permanente de Laicidad advierte de la necesidad de no llevarse a engaño. Desde el Discurso de Sarkozy en Roma, donde expuso ante Ratzinger los fundamentos de su “laicidad positiva”, hasta el informe Machelon, preparado para la financiación de asociaciones religiosas, pasando por la introducción del hecho religioso en los programas de educación, se trata del diseño respaldado políticamente de un proyecto normativo que invierte los valores fundamentales de la República.
Efectivamente estamos ante una tentativa de terminar con la laicidad en Francia, de reconfesionalizar la sociedad para instrumentalizar la religión en beneficio de la política. Por eso, si ya el informe presentado por la CNPL al Convento del 2007 se tituló “Prevenir los peligros que amenazan la Laicidad” el de este año 2008, apela directamente a “Defender el ideal laico, expresión de la razón“.
En esta tesitura de “acoso y derribo”, los defensores de la “laicidad a la francesa” en Francia y en el resto del mundo, masones y profanos, nos vemos llamados a reaccionar de forma contundente, como ayer lo han hecho distintas organizaciones sociales, ante el discurso de bienvenida al Papa pronunciado por Nicolás Sarkosy en el palacio del Elíseo y en el que ha vuelto a apoyar el concepto de “laicidad positiva” argumentando que el legado y el papel de las religiones debe ser plenamente asumido por la sociedad.
Así, el Partido Socialista ha pedido al gobierno y al presidente Sarkozy que cumpla su papel como “guardian” de los principios del laicismo secular, mientras que las Asociaciones de Familias Laicas denuncian la “permanente intrusión en la esfera política” de la religión desde la elección de Sarkozy.
Por su parte, el Gran Oriente de Francia ha denunciado en un comunicado este discurso “reafirmado que la laicidad no necesita ningún otro adjetivo para existir y que toda referencia a una Laicidad positiva distorsiona su sentido”.
La más antigua de las obediencias masónicas en Francia ha recordado que “la espiritualidad no está preservada a las religiones” y que “el librepensamiento sin sumisión al dogma puede ser un modo de vida liberador para el hombre”.
Por primera vez en la historia de la Francia republicana, un Papa y un presidente de la República tienen una política común. Está claro que el laicismo y la propia República laica están en peligro.

30.9.08

Las dos grandes prioridades del nuevo Gran Maestro del GODF

Publicat al blog Cadena de Unión (7/9/08)

El nuevo Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, Pierre Lambicchi, elegido el jueves en Lyon, comienza su mandato bajo el signo de dos grandes batallas: el denominado archivo Hedwig - una nueva medida del gobierno francés que permite fichar a los ciudadanos, incluso menores, aunque no hayan cometido delitos - y el “fin de vida”, un tema principal en el corazón de este cardiólogo marsellés, viudo desde hace 25 años.
“Vamos a estar allí siempre que la persona humana sea atacada, y vamos a trabajar específicamente contra el archivo Hedwig y por el respeto de la persona humana en el final de la vida”, dijo el Gran Maestro Lambicchi el viernes, hijo y nieto de masón, iniciado él mismo en 1976.
El Hermano Lambicchi, con 59 años de edad, dijo a la prensa que el “reconocimiento ético en el final de la vida” es un caballo de batalla “personal” sobre el que tiene la intención de encargar hacer un estudio por uno de los grandes oficiales.
El Gran Oriente de Francia, la obediencia masónica francesa más importante, con cerca de 50.000 miembros en aproximadamente 1.200 logias, no tiene una posición oficial sobre la cuestión de la eutanasia. Pero Lambicchi dice, “debemos respetar la libertad y la dignidad de la persona en el final de su vida.”
“Tenemos que luchar para que la persona que se acerca a la muerte no sea considera como una mercancía”, dijo, argumentando que el legislador “se basará en los debates” llevados a cabo dentro de la Francmasonería sobre el tema.
Sobre el archivo Hedwig, el nuevo Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, socialista, tiene una posición mucho más clara: “La generalización (de las fichas policiales) es escandalosa”, dice Lambicchi quien compara Edvige con “la flor de Lys en un hierro al rojo vivo con la que se marcaba el cuerpo de las mujeres de mala vida”, o con “cortar la mano del ladrón.”
El archivo Edvige autoriza a la policía a identificar tan pronto como desde los 13 años, con muchos datos personales, a las personas que se considere “que puedan socavar el orden público” y a quienes ejercen un mandato político, sindical o económico o juegan un papel institucional, económico , social o religioso “.
“Es como un registro de antecedentes penales para toda la vida”", dijo Lambicchi, condenando enérgicamente que se pueda transmitir información a las agencias fuera del estado (aseguradoras. ..).
Otra cuestión que deberá ser tratada por el nuevo Gran Maestro es el permiso o no para iniciar mujeres en el Gran Oriente.
La decisión, que figuraba en el orden del día del Convento (asamblea anual) que se desarrolla hasta hoy domingo en Lyon, se aplazó por un año, las opiniones son divergentes en el seno de las logias.
Otras obediencias, mixtas o femeninas, ya lo hacen, y GODF reconoce a las mujeres iniciadas por ellas.
Pero la solución adoptada por el Gran Oriente prohíbe a sus propias logias iniciar a las mujeres, y cinco logias que las han iniciado han sido suspendidas temporalmente, pero han apelado, considerando que las iniciaciones femeninas cumplen con todos los requisitos internos de la Obediencia y siguen funcionando. Sus delegados fueron oídos durante el debate sobre la mixticidad el jueves por la tarde.
El Gran Maestro Lambicchi, que tiene dos hijas, una de los cuales se ha “sumado al movimiento masónico” no ha expresado su posición personal sobre el tema.
“El asunto ha sido reenviado a las logias, que lo estudiarán durante un año, y deben decidirse por votación en septiembre próximo”, en el próximo convento previsto en Lyon, explicó.

9.9.08

Les Ánimes Mortes



Nikolai Vassílievitx Gógol publicà l'any 1842 la que fou la més immortal de les seves novel·les "Les ànimes mortes", una genial i àcida obra que retrata un temps i un caràcter: l`anima russa. Gogol percebia la seva novel·la com una obra « immensament gran », un « Leviatà », « quelcom que no correspongui a l'obra d'un home ordinari ».
L'any 1841 va intentar publicar-ne la primera part a Moscou, però va ser prohibida pel comitè de censura. No va ser fins després de la intervenció dels seus amics, i particularment de la senyora Smirnoff, la presentació al comitè de censura de Sant Petersburg i diversos arranjaments que va poder aparèixer l'any 1842.
Aquesta novel·la fa una descripció sense concessions de la Rússia profunda, una sàtira de vegades despietada, però en la qual rau subjacent, de manera permanent, el profund amor de Gógol per Rússia.
Pavel Ivanovitx Txtixikov és l'ànima russa: noble, afable i amb un alt sentit de l'honor.
És un home bo, com el príncep Mishkin de Dostoievsky... Però succeïx que tot aquest "deliri burgès" es veu entelat pel "terrible pecat" de no posseir un exèrcit informe d'esclaus que, com beneïts en el cel dantesc, donin color a aquest noble esperit burgès.
L'argumentació de Txtixikov és definitiva: Necessito tenir homes al meu servei però no posseeixo les terres ni el capital necessaris per a mantenir-los.
Solució: Ja que molts dels que tenen "esclaus" no els donen de baixa (ja que es cobraven imposats al donar de baixa a cada ànima), compraria els títols sobre aquestes ànimes, per a així poder "presumir" de posseir més esclaus i d'aquesta manera ser millor considerat en societat.
La que seria l'obra mestra de Gogol parteix d'aquest argument per a definir l'eterna confrontació entre raó i fe. Com en totes les grans obres de la història de l'art, la narració (ja sigui des d'un punt de vista estricte o no) part de la confrontació dialèctica de contraris per a lliurar així una batalla textual o narrativa. L'argumentació de Txtixikov és, en un primer moment, estúpida... però deixa de ser-lo a mesura que el llibre avança i comprenem les motivacions d'aquest singular personatge (i sobretot les encara més "meravelloses" argumentacions dels personatges que es va trobant en aquest el seu particular peregrinatge).
La dicotomia sorgeix d'un raonament al principi estúpid (primera sàtira per a aquest home profundament religiós) per a convertir-se en, gairebé, un "motiu de fe".
Txtixikov cerca, més enllà de l'admiració, el sentit últim de les coses (o potser es troba amb aquest "sentit" a mesura que la novel·la evoluciona).
"Les Ànimes Mortes" s'ha comparat en moltes ocasions amb El Quixot, suposem per les seves dues parts (també bé diferenciades i amb un particular estil "redemptor" de les segones parts en ambdues obres).
Txtixikov i el nostre gentilhome tenen més punts en comú del que pogués semblar en un primer moment: ambdós són fills de les idees nobles i d'una època anterior que, encara no havent-la viscut en les seves carns, senten pròxima en ideals i formes. Ambdós emprenen un viatge sense sentit particular, excepte el descobriment (tema trillat en aquest tipus de novel·les).
El sentit del viatge, com en Kerouac, és escapar de la seva pròpia existència i, com l'ànima penitent, buscar la veritat que, de tornada a casa, seguirà sempre esperant, esperant sempre ser trobada.
El camí que ens proposa Gogol és la senda del descobriment a través de les formes i els caràcters.
L'ànima russa s'està perdent per la influència de la burocràcia i les dictadures dels mediocres...Txtixikov, mitjançant una argumentació brillantment estúpida, pretén retornar i retornar-se la fe, la noblesa i el bon judici... En la seva bogeria, la forma i el text troben la colossal barreja, satírica sempre. Txtixikov i el lector comprenen a l'una que només mitjançant la bogeria l'home assoleix ser lliure, terroríficament lliure.
Comprant ànimes mortes aquest particular heroi es va alliberant de la seva pròpia idea de servilisme i, com en una espiral dantesca, s'adverteix dels seus propis pecats i les seves dicotomies més evidents.
Txtixikov recorre la Rússia profunda, la dels camperols que, molt probablement, no coneixen a Pushkin (gran amic personal de Gogol) ni els clàssics anglesos, però són portadors de veritats, aparentment simples i de motivacions escolástiques (la religió, sempre present, es deforma per l'argumentació "simple" dels més febles d'esperit, ignorants de tot menys de la veritat).
Només dir que, en la seva aparent grandiositat... tant "El Quixot" com "Les Ànimes Mortes" són llibres terriblement divertits.
De totes les novel·les que he llegit, mai suficients de vegades massa, és potser "Les Ànimes Mortes" una de les quals major plaer m'ha donat i, irònicament, més m'ha fet reflexionar.
Sent una novel·la costumista, supera el seu propi naixement per a convertir-se en alguna cosa molt més profund, fantàstic (s'han trobat en aquest sentit nombrosos punts en comú amb altre gran escriptor E.T.A. Hoffman).
La novel·la no es descobreix en unes poques línies, com succeïx tan sovint en algunes altres mediocres nascudes per a mostrar una tesi pre-formulada, sinó que supera el seu concepte original per a convertir-se, com "La Divina Comèdia" en un viatge iniciàtic en el qual un Virgili, invisible, ens guiarà per aquesta selva fosca en la qual serà la nostra més bella mentida i la pitjor forma de bogeria: La realitat.

1.9.08

El Secreto no existe en la francmasonería


publicado en La Cantera (1/9/2008)

A pocos días de la apertura del Convento del Gran Oriente de Francia en Lyon, el Gran Maestro saliente Jean-Michel Quillardet, se confiesa con Lyon Capitale. ¿Qué pasa detrás de las puertas de los templos cerradas al público?

¿Qué es el Gran Oriente de Francia? ¿Qué es la Francmasonería?

Es principalmente un método de trabajo y una ética para tratar de perfeccionarse individualmente, adquirir una mayor tolerancia y una mayor sabiduría, tratar de comprender mejor la complejidad de los hombres y la complejidad del mundo. El Gran Oriente de Francia es la principal obediencia en número y la más antigua, ya que existe desde 1728. Su especificidad es su fuerte compromiso con la sociedad, para que sea más justa, más fraterna, más humana.

La Francmasonería es vista a menudo como un club de intereses más que como un trabajo en el interés de la sociedad, cómo se manifiesta este compromiso?

En primer lugar, por el trabajo individual de sus miembros. Muchos de los francmasones están comprometidos con la política o la vida cívica. Existe una gran cantidad de parlamentarios, alcaldes, sindicalistas, líderes empresariales. En principio, cada uno de nosotros debe tener un cierto comportamiento ético que puede ser una diferencia. En nuestro compromiso colectivo, estamos entre los que se indignan por el reposicionamiento de las relaciones entre el Estado y la religión. Estamos muy implicados en la cuestión de la memoria respecto al reconocimiento del genocidio armenio, con la memoria del Holocausto y todos los genocidios en el mundo. Estamos en acción sobre la cuestión de la bioética, sobre la que somos a menudo consultados por las comisiones parlamentarias. En este sentido, existe un verdadero papel de influencia intelectual.

¿Cómo se compatibiliza este rol de influencia con el culto al secreto?

¡Pero es que el secreto no existe! Es una falacia. El único secreto es el de la iniciación, porque ésta se trata de una ceremonia que es bastante personal, bastante íntima, que no se puede transmitir. No hay ningún otro secreto. La nuestra se trata de una asociación conforme a la Ley de 1901, las personas que son miembros de esta asociación participan en las reuniones que no son abiertas a los no miembros, como en todas las asociaciones. Sin embargo, abrimos nuestros templos muy a menudo, para el día del Patrimonio, por ejemplo. Organizamos coloquios públicos, las “tenidas” públicas en las que explicamos qué es la Francmasonería. Este del secreto es un concepto que yo combato. Es, sin duda, nuestra responsabilidad de ser demasiado secretos, demasiado discretos, hay que terminar con esta discreción.

Este fin de semana tiene lugar un Convento, que se presenta como una asamblea general, qué es lo que pasa en él exactamente?

Como todas las asociaciones de la Ley 1901 esta es una asamblea general. En ella se vota el informe de actividad presentado por el Consejo de la Orden y el Gran Maestro, se votan las cuestiones financieras y se delibera sobre un cierto número de cuestiones como la reforma de nuestras instituciones o se eligen los temas de reflexión sobre los que las Logias serán invitadas a reflexionar en el transcurso del año masónico.

¿Nos puede decir algo en torno a estas reformas en marcha?

Se trata de reformas sobre nuestro modo de funcionamiento, como la cuestión de la duración de los mandatos de los miembros del Consejo de la Orden y del Gran Maestro. Sobre la periodicidad del Convento, si ha de reunirse cada año, cada dos años o cada tres.

Entre estas cuestiones, está la de la discriminación de la mujer, sobre la que parece un arcaísmo que una asociación que se presenta como progresista no acepte hoy en día a las mujeres.

Esto no es del todo exacto. Todas las noches en los talleres del Gran Oriente de Francia hay mujeres que trabajan como los hermanos, lo único es que no son miembros del Gran Oriente, sino de otras obediencias, bien femeninas bien mixtas. De hecho existe desde hace mucho tiempo un pacto entre obediencias: el Gran Oriente, sería masculino, una obediencia exclusivamente femenina: la GLFF (Gran Logia Femenina de Francia), pero que recibe a los hombres en sus talleres, y una obediencia mixta: el Derecho Humano. Un pacto para mantener el equilibrio entre las diferentes obediencias. En el seno del Gran Oriente este pacto está puesto en cuestión. Muchos hermanos pedimos que las mujeres puedan ser directamente miembro del Gran Oriente. La cuestión será debatida en el próximo convento.

Una pregunta más personal para usted: ¿Qué es un Gran Maestro? De acuerdo con el nombre parece como una especie de gurú …

(Risas) No, yo no soy ningún gurú. Somos una gran democracia. En la que el Gran Maestro es a diario contestado, por quien quiera que sea, por cierto. Es algo que puede resultar un poco cansado algunas veces. El Gran Maestro es el presidente del Consejo de la Orden, es decir, del Consejo de Administración de la asociación. Se dice “Gran Maestro” porque es también un guardián de las tradiciones. En el siglo XVII se le llamó “ Gran Maestro”.

¿En qué consiste el trabajo?

En dirigir la administración del Gran Oriente, ocuparse de los asuntos financieros, presupuestarios. Animar el trabajo de la obediencia y ser su portavoz. Mi papel esencial es ir al encuentro de las logias, hablar con los hermanos, impulsar un cierto número de proyectos, dar conferencias, tener alguna relación con los poderes públicos, intervenir en los periódicos, participar en programas de televisión. Transmitir los valores que nosotros representamos.

Usted termina un mandato de tres años, ¿Qué conclusiones ha extraído de ellos?

Llegué en septiembre de 2005, cuando el Gran Oriente sufría una crisis muy fuerte desde que mi predecesor fuera obligado a dimitir, por una minoría del Consejo de la Orden (Bernard Brandmeyer, NDR). Tuvimos un Convento, absolutamente desastroso en septiembre de 2005. Durante estos tres años he tenido restañar la unidad del Consejo de la Orden para reencontrar el sentido del trabajo en común. Yo creo que he conseguido devolver la calma y la dignidad al seno del Consejo de la Orden. Hemos llevado además una auténtica política de transparencia financiera y sobre todo hemos tomado la palabra.

¿Hay alguna acción que usted desee reivindicar en particular?

Sobre todo las fuertes posiciones que hemos sostenido contra las declaraciones del presidente de la República sobre la laicidad positiva, sobre el hecho de que sólo en la religión puede dársele un sentido a la vida. Contrariamente yo he explicado que se puede ser agnóstico y tener una vía intelectual, para dar sentido a la vida. Mucho se ha insistido en que la Laicidad no está contra la religión, es más bien un principio que nos permite vivir juntos a pesar de nuestras diferencias. Si la Ley de 1905 sobre la separación de la Iglesia y el Estado no ha sido modificado, es sobre todo gracias a nosotros.

¿En qué se convierte un Gran Maestro cuando termina su mandato?

Es un pasado Gran Maestro. Por mi parte voy a continuar fuera del Gran Oriente defendiendo el laicismo y una visión más humanista de la sociedad. Esto bien sea en los medios de la política, ya sea a través de las asociaciones para la defensa de la laicidad, pero yo continuaré esta lucha.



Jean-Michel Quillardet deberá ser reemplazado durante este Convento por Pierre Lambicchi, médico cardiólogo marsellés del “rito francés” o Jean-Paul Bouche, abogado toulosiano, del “Rito Escocés”. Elección mediante papeletas secretas (?!) el jueves por la noche.

Pierre Gandonnière

Fuente: lyoncapitale.fr
Traducción: http://www.lacantera.es

17.8.08

72 años sin Garcia Lorca

Reprodueixo l'article de Marina Montes publicat a El plural.com (18-08-2008) recordant el 72è aniversari de l'assassinat de Federico Garcia Lorca.


Desde su muerte, han sido muchos los homenajes que se han rendido al poeta, tanto desde compañeros de la generación como otros posteriores.
Los versos de Alberti, Cernuda o Machado, son algunos ejemplos de los cientos de versos que recordaron la desaparición del poeta.
Para Luis García Montero, el mejor homenaje que puede hacérsele al poeta es “respetar, estudiar y leer su obra”, algo que también comparte Juan Antonio Bernier.


Politización de la poesía

La muerte de Lorca “fue un asesinato político”, afirma vehemente Bernier. “Toda escritura, queramos o no, implica una postura política. El uso a posteriori debe ser fiel a esa postura. Política y poesía tienen todo el derecho a tratarse y la obligación de hacerlo con un escrupuloso respeto”, indica el poeta cordobés. “Se equivoca quien piensa que lo ha politizado la posteridad”, indica García Montero. “Lorca participó en la República, defendió las grandes ideas del momento como la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, él mismo se politizó”, explica el granadino.

Mito y realidad
La figura de García Lorca ha sido blanco de especulaciones, rumores y conjeturas que han creado un halo de fantasía en torno a su persona del que es difícil desprenderse. Independientemente de su obra, “la imagen que recibimos de cualquier escritor en el Instituto suele fundarse más en el personaje que en su literatura, y Lorca no es una excepción”, indica Bernier, que en ocasiones se ha enfrentado a la tarea de explicar a los alumnos quién fue García Lorca. “La popularidad incita a la leyenda”, afirma García Montero, “y hay interpretaciones raras sobre su vida de las que me sorprendo muchísimo”.

Silenciando las palabras
En cuanto a estas leyendas que circulan en torno a la imagen del poeta, señala García Montero que no son más que “manipulaciones folclóricas, como la de Andalucía de pandereta que no resisten una lectura inteligente de su obra”. El único daño hecho al poeta fue su muerte, silenciar su muerte durante los años posteriores, asevera García Montero.

Ideología
“Lorca representaba a la República en Granada”, afirma vehemente García Montero. Su ideología, su ofensa a la burguesía granadina enfadó a mucha gente en la época. “Fue un rebelde, apoyó todas las ideas del progreso social. Lorca fue pacifista y denunció, desde las obras de la adolescencia, la barbarie de la guerra”. “Tuvo maestros de clara significación política, como Fernando de los Ríos, participó en campañas del Frente Popular y firmó manifiestos sociales y comunistas”. Para García Montero, su posición política “le costó la vida. Hubo 5.000 ejecutados, entre ellos el rector de la Universidad de Granada y el alcalde. La desgracia más natural era que el poeta fuera fusilado”.

Andaluz universal
Pese a este intento de silenciar y esconder su obra, el genio del poeta granadino rebasó las fronteras internacionales y se hizo un hueco en la Historia de la Literatura Universal. Lorca es, “junto con Góngora y Juan Ramón Jiménez”, el poeta andaluz más universal, matiza Bernier. “Fuera de las fronteras españolas, su nombre es más conocido que el del mismo Miguel de Cervantes”, apunta García Montero.

Admiración internacional
Este hecho no resulta aislado para quienes se interesan por la obra de García Lorca. Pese a que en España se le da el reconocimiento que merece, “a veces se le confunde con una figura folclórica”, indica Bernier, aunque reconoce que la admiración de los lectores españoles “es indiscutible”. “Supongo que influyen cuestiones como su fusilamiento durante un conflicto de interés internacional, ya que era un escritor reconocido internacionalmente en ese momento. Su incorporación a movimientos internacionales como la Vanguardia y la admiración que tantos artistas extranjeros le profesan y le han profesado” también influyen en esta visión universal del poeta granadino.

Local y universal
El duende y la magia de los poemas lorquianos es una condición innegable cuando nos enfrentamos a uno de sus textos. “Lorca fue capaz de unir las tradiciones, el cante jondo y el folclore con la modernidad más limpia”, indica García Montero, es un ejemplo de cómo plasmar “el paisaje de la tierra huyendo del costumbrismo barato”. “Entre otras muchas cosas”, García Lorca ha supuesto “un ejemplo de cómo ser local y universal a un tiempo”, afirma Juan Antonio Bernier.

Memoria Histórica
La polémica en torno a los homenajes, la exhumación del cuerpo y el reconocimiento a los muertos de la Guerra Civil es algo que no queda al margen de la figura de este poeta. García Montero afirma que “se hizo un buen homenaje a la Memoria Histórica con el Parque García Lorca, cuando el historiador Ian Gibson localizó el olivo bajo el que fue enterrado y se recuperó un territorio fundamental para la Memoria Histórica”. “Lorca ampara a todos los muertos anónimos que no merecen un cementerio católico por su ideología en el momento”, apunta Montero.

Recuperando la cultura
“Lorca representa la cultura de la República, que intentó levantar las palabras frente a la violencia”, indica García Montero. “Simboliza todo lo que se perdió con el golpe de Estado. Y para Granada, es una manera de buscar la ciudad que se perdió con la Guerra”.

16.8.08

Я вас любил


Я вас любил: любовь еще, быть может,
В душе моей угасла не совсем;
Но пусть она вас больше не тревожит;
Я не хочу печалить вас ничем.
Я вас любил безмолвно, безнадежно,
То робостью, то ревностью томим;
Я вас любил так искренно, так нежно,
Как дай вам бог любимой быть други


Yo te amé una vez

Yo te amé una vez:
quizas mi amor aún pervive en mi alma,
mas no temas que vuelva a importunarte
ni que por causa alguna te aflija.

Yo te amé a solas, en silencio,
ahogado por los celos y el temor,
y fue mi amor tan tierno y tan sincero
como Dios quiera te vuelvan a querer.


Aleksandr Sergéyevich Pushkin (1829)

(escoltar el poema en rus)

10.8.08

20 llibres

  1. I Ching
  2. Tao te King, Lao Tse
  3. Sun Tzu
  4. Las flores del mal, Charles Baudelaire
  5. Narraciones Extraordinarias, Edgar Allan Poe
  6. Obras Completas, Jorge Luis Borges
  7. Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski
  8. La Odisea, Homero
  9. Dracula, Bram Stoker
  10. El idiota, Fiódor Dostoievski
  11. El proceso, Franz Kafka
  12. Viaje al centro de la tierra, Julio Verne
  13. La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson
  14. Macbeth, William Shakespeare
  15. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson
  16. La Divina Comedia, Dante
  17. La historia de Genji, Murasaki Shikibu
  18. Obras Completas, René Guénon
  19. El maestro y Margarita, Mijaíl Bulgakov
  20. Parzival, Wolfram von Eschembach

Absolutament sublim!

Us adjunto la versió de l'Ària "Tornami a vagheggiar" de l'opera Alcina, de Haendel en versió de la soprano Joan Sutherland (1983). No us la perdeu, és increïblemet sublim

27.7.08

En Busca de la Luz


(publicat al blog "La Masonería Explicada")

¿Cuándo y por qué nace la Francmasonería?
Es cierto que hoy está comúnmente admitido que esta tiene un origen formal, al menos en la forma en que se la conoce en la actualidad, a principios del siglo XVIII y que lo hace como hija o heredera de ese siglo, el Siglo de las Luces, que vendrá a significar un punto de inflexión en la historia de la cultura humana en su camino hacia la libertad y la Luz.
Lo cierto es que Ilustración y Francmasonería, operando en el mismo espacio y tiempo se reforzaron mutuamente. La Francmasonería con su evolución durante el siglo, se convirtió en un potente medio canalizador de las nuevas ideas, el Siglo de las Luces con sus concepciones antropocéntricas, modificó, al menos en parte, la forma de entender los principios francmasónicos subrayando los principios de la razón, el humanismo y la ciencia.
Ahora bien, la historiografía masónica, demasiado centrada en un punto de partida establecido en el nacimiento de la primera Gran Logia de Londres en 1717, no puede dejar de observar en qué medida existe una continuidad filosófica, y un vínculo cierto en los acontecimientos que se suceden entre la recuperación de una concepción clásica de la razón y la ciencia operada en determinados círculos humanistas y artísticos del renacimiento italiano y el propio nacimiento de la francmasonería moderna y cómo en algunos gremios renacentistas inmersos en un escenario de fuertes controversias políticas y religiosas, comenzó a tomar cuerpo una estrategia, en la que la transmisión del conocimiento, “la luz”, tendría, más allá de una utilidad meramente profesional, la finalidad de una agenda política de emancipación. (1)
¿Qué significado tiene la “Luz” en el periodo de la Ilustración?
Quizá lo que mejor caracteriza este periodo es la confianza en el poder de la razón humana. Se llegó a asumir que mediante un uso juicioso de la razón, un progreso ilimitado sería posible. Se confiaba en que a través de una educación apropiada, la humanidad podía ser modificada para mejorar. Se otorgó un gran valor al descubrimiento de la verdad a través de la observación de la naturaleza. Se pensaba que las aspiraciones humanas no deberían centrarse en la próxima vida, sino más bien en los medios para mejorar las condiciones de la existencia terrena. La libertad y la felicidad mundana, por lo tanto, fueron antepuestas a la salvación religiosa.
Ahora bien, más que un conjunto de ideas fijas o una doctrina, la Ilustración implicaba una actitud, unmétodo de pensamiento, una formar distinta para la búsqueda de la verdad. De acuerdo con Kant, el lema de la época sería “sapere aude” “atrévete a saber”. Surgió un deseo de reexaminar y cuestionar las ideas y los valores recibidos. La nueva concepción ilustrada traería consigo un cambio absoluto de paradigma tanto en lo político, como en lo cultural, en lo económico o en lo social, forjando la modernidad, y conduciendo tras las declaraciones de Derechos y, sobre todo, la Revolución Francesa a la caída del Antiguo Régimen.
Aplicando una lente al rayo de Luz
La física nos define la Luz, como una radiación electromagnética que es percibida por nuestros ojos cuando alcanza una determinada longitud de onda. Existen diversas frecuencias de onda que generan un tipo de luz que no alcanzamos a ver.
Hoy sabemos que la imagen de lo que vemos no procede de nuestros ojos ni tampoco en última instancia de los objetos que observamos, sino de la proyección sobre esos objetos de la luz emitida por un foco, en nuestro caso el sol, cuyos rayos, al rebotar en los objetos, y dependiendo de las características de éstos, rebotarán proyectando hacia nuestros ojos una imagen determinada.
En el caso más sencillo, el rayo de luz viaja en línea recta desde el foco emisor hasta el objeto y, rebotando en este, llega hasta el órgano receptor. Esto es lo que denominamos reflexión.
Existen superficies y objetos que absorben la mayor parte de las radiaciones luminosas que les llegan. Estos objetos se ven de color negro –permanecen ante nosotros en la oscuridad-. Otros tipos de superficies y objetos, absorben sólo una determinada gama de longitudes de onda, reflejando el resto que aparecerá ante nuestros ojos con distintos colores.
Por último, existe la posibilidad de interferir entre el foco emisor y el receptor, cuerpos transparentes, lentes capaces de reflejar parte de los haces luminosos mientras que otra parte son desviados en una dirección distinta en función de su forma. Es lo que se denomina refracción. Estas lentes a veces funcionan como los espejos de las ferias que distorsionan, engrandecen o disminuyen la imagen proyectada mostrando imágenes grotescas de la realidad.
Pues bien, en el proceso del pensamiento, la lente que media entre el foco de luz y el objeto observado no es otra que la razón, el juicio crítico, la capacidad especulativa, (del lat. speculum, espejo).
En el proceso especulativo, el foco que proyecta su luz sobre el objeto de su atención es la conciencia. Dicha luz retornada tras su paso por la lente de la razón, devolverá una imagen más o menos límpida o distorsionada de la realidad.
La clave, en el caso del pensamiento humano, es que el foco emisor es el mismo que el receptor y, al igual que los rayos del sol, multiplican su potencia cuando se ven reflejadas sobre un espejo, la luz de nuestra conciencia, reflexionando sobre la realidad y mediatizada por el espejo de la razón, es capaz de multiplicar su potencia produciendo un cada vez mayor despertar de la propia conciencia haciendo aparecer ante si nuevos escenarios de la realidad inexplorados o invisibles hasta entonces.
Al igual que ocurre con los rayos del Sol, nosotros no somos capaces de percibir nuestra capacidad conciente más que cuando la proyectamos sobre nuestro entorno. Por último, y al igual que existen tipos de rayos solares que nuestros ojos no están capacitados para detectar, si no nos valemos de instrumentos adecuados, existen conocimientos subconscientes, intuitivos que no somos capaces de proyectar hacia el exterior y, por tanto de percibir y potenciar, si no es mediante la utilización de lentes distintas a la razón, este es el papel que han jugados las artes en las capacidades humanas.
La conciencia, combinación creativa de inteligencia e imaginación, de genio y audacia, es la Luz que los hombres del siglo XVIII consiguieron despertar de forma colectiva sintiéndola y potenciándola como un rayo vivificador y liberador.
El Siglo de las Luces concluyó con la Revolución Francesa.
Desde la época del Terror hasta la del actual Terrorismo, de justificaciones revolucionarias, nacionalistas o religiosas, pasando por las guerras de independencia o las dos guerras mundiales, bien fuera por la reacción de aquellos quienes habían perdido gran parte de sus privilegios como consecuencia de las ideas ilustradas, bien por los excesos cometidos en una u otra dirección por los mismos que se vieron beneficiados por tales ideas, lo cierto es que la mayoría de los acontecimientos durante los siglos XIX y XX se han empeñado en contradecir, hasta prácticamente limitarla al espejismo de una ilusión imposible, la confianza en el progreso del género humano y la razón como herramienta para la búsqueda de la verdad.
En todos los casos, hay que decirlo categóricamente, no ha sido la estrategia de la ilustración en pos de la libertad y la felicidad humana la que se ha mostrado equivocada, ni el Humanismo ilustrado el que debe ser rechazado, como pretende la visión postmoderna y demuestra el resurgir de lo místico, por habernos expuesto a las oscuridades que amenazan nuestro tiempo. Ha sido más bien el uso inadecuado de unas lentes empañadas por las huellas de la ignorancia, las ambiciones y los fanatismos, el que ha generado una distorsión de la luz que debía haber traído a nuestras conciencias, mostrando al hombre lo peor de si mismos.
No es limitando el uso de la razón, ni renunciando a nuestra libertad, como recuperaremos la confianza en el futuro. La luz sigue siendo la misma y sigue estando en el mismo lugar, pero ahora no siempre nos ilumina.
Es responsabilidad del ser humano, gestionar su propia libertad, individual y colectiva. El proceso de emancipación humana, que recibió su espaldarazo político durante los siglos XVIII al XX, pone al hombre en el reto de trazar su propio destino sin juicios postreros, ni pecados, ni perdón, más allá del peso de su propia responsabilidad. La libertad requiere de conocimiento y el conocimiento es Luz, pero una vez iluminado por una mayor conciencia de sí mismo y de sus potencialidades, es preciso asumir las consecuencias que supone el ejercicio de tal libertad con plena responsabilidad.
El espejo con el que proyectamos nuestra conciencia, la razón, debe ser pulido para que pueda reflejar de forma precisa las potencialidades y límites de nuestra realidad. Nuestras conciencias deben dirigirse proyectándose de forma responsable sobre la realidad que nos afecta aquí y ahora, para una vez esclarecida, alumbrar el siguiente paso en el camino del hombre, ayudándole a vencer todas las oscuridades y a adquirir la confianza necesaria para andar con rumbo cierto, dejando atrás el lastre de tradiciones, valores y modelos, cuando se han vuelto obsoletos, inútiles y pesados.
La consecuencia final de esta reflexión no es por tanto responder a la cuestión de qué es la Luz hoy, sino en que dirección debemos aplicar el foco de nuestra conciencia, para iluminada por la razón, ser capaces de percibir un nuevo horizonte de esperanza, el nacimiento de una nueva humanidad, mejor y más esclarecida.
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(1) Leonardo da Vinci, como pintor, arquitecto y humanista gibelino (contrarios al poder del papado) tendrá influencia en la política del rey ilustrado francés Francisco I, y en la creación del Colegio de Francia.

La crisis de la era conservadora



Article de Marc Bassets publicat a "La Vanguardia" (27/07/08)

El ocaso de la presidencia de George W. Bush ha dejado maltrecho al movimiento conservador, hegemónico en Estados Unidos en los últimos cuarenta años. Historiadores y estrategas políticos ven cercano el fin de la era de dominio republicano, que empezó con la llegada al poder de Richard Nixon en 1969 y, con los paréntesis de los demócratas Jimmy Carter y Bill Clinton, se ha prolongado hasta ahora.
A falta de tres meses para las elecciones presidenciales, nada está decidido.
Los sondeos, aunque dan ventaja al demócrata Barack Obama sobre el republicano John McCain, no son concluyentes. Pero el desánimo cunde en las filas conservadoras.
Tras el fracaso de la presidencia de Bush, con la que pocos quieren identificarse ya, cada vez más voces piden reformular el mensaje y actualizar las ideas. Por ejemplo, acentuado los tonos sociales y medioambientales.
En un artículo reciente en el diario conservador The Wall Street Journal,la influyente Peggy Noonan, que trabajó en la Casa Blanca de Ronald Reagan, el apóstol del movimiento, lamentaba que los republicanos hubiese "dilapidado" cuatro décadas de liderazgo. "El Partido Republicano sufre una crisis de identidad, una explosión a la luz del día, además de una angustia existencial adolescente", ha escrito el estratega republicano Alex Castellanos en la revista National Review,órgano intelectual de los conservadores.
Al desastre de Iraq y una economía al borde de la recesión se añaden cambios demográficos y sociales - entre otros, la inmigración y la pujanza del voto joven- que pueden alterar las mayorías estables de las últimas décadas.
La guerra y el fenómeno Obama han servido a los demócratas para incrementar su base y arañar en la republicana. En cambio, "desde el 2004, el Partido Republicano ha perdido terreno en casi todos los frentes demográficos y geográficos", constataban hace unos días, en un artículo, Ross Douthat y Reihan Salam, autores del libro Cómo los republicanos pueden ganarse a la clase obrera y salvar el sueño americano.Esta semana, en una librería cerca de la Universidad de Columbia, en Nueva York, un grupo de intelectuales vinculados a la revista Dissent - órgano, desde hace décadas, de la izquierda socialdemócrata estadounidense- debatieron sobre la era conservadora y su ocaso. "Íbamos a titular el coloquio El final de la era conservadora,pero al final hemos añadido un interrogante. Hemos sufrido tantas derrotas y decepciones...", dijo al comenzar el veterano filósofo Michael Walzer, autor de Guerras justas e injustas y director de Dissent.
El nacimiento de la era conservadora va asociado a la lucha por los derechos civiles en los años sesenta y a las turbulencias de esa década. Los demócratas perdieron el sur blanco, que hasta entonces había sido un feudo demócrata inexpugnable, después de aprobar las leyes antisegregación. Al mismo tiempo, los disturbios raciales y estudiantiles alejaron a las clases trabajadoras blancas del Partido Demócrata, lo que sentó las bases para la hegemonía republicana. "A mediados de los sesenta el movimiento conservador pasó de ser un movimiento de elite a ser antielite", dijo, en el coloquio, el historiador Joshua Freeman.
En su opinión, la era conservadora no empezó realmente hasta 1980, cuando Reagan llegó al poder y desmanteló el Estado del bienestar heredado del new deal de Roosevelt. "El movimiento conservador era un movimiento social e intelectual. Que se acabe dependerá de que haya un movimiento social e intelectual progresista. Y creo que no tenemos ni uno ni otro", apuntó Walzer. Lo cierto es que el movimiento conservador - un amalgama que incluye desde neocon hasta fundamentalistas cristianos, pasando por los conservadores tradicionales- ha transformado Estados Unidos, y, gane quien gane las elecciones de noviembre, en muchos de estos cambios no hay marcha atrás. "Nunca volveremos a tener el Estado del bienestar", lamentó el historiador David Greenberg, quien, sin embargo, cree que algunas ideas progresistas, como el matrimonio gay, cuentan hoy con un consenso social impensable hace unos años.
Dogmas conservadores - plenamente asumidos y desarrollados por los demócratas en los años noventa- como el libre mercado también se tambalean. En los últimos meses, el Gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal se han visto obligados a rescatar entidades financieras en dificultades. "Esto es socialismo", se ha quejado algún legislador republicano.
Tras años de desmadre en Wall Street, el debate para regular mejor los mercados está al orden del día. Paralelamente, la crisis económica y los miedos a la globalización alimentan los discursos proteccionistas en materia comercial. Si la era conservadora se asocia a las divisiones - políticas y culturales- que afloraron en los sesenta, su fin supondría también el fin de estas divisiones enconadas. Y, precisamente, el demócrata Obama se presenta como el candidato post-68, el único capaz de cerrar las heridas de los últimos cuarenta años y de reconciliar a las dos Américas. De momento, los republicanos han dejado de ser un referente en Europa, según el conservador David Brooks, columnista de The New York Times.
Brooks menciona a los conservadores británicos de David Cameron, "que han superado el thatcherismo", y "no sólo hablan de la guerra y el crecimiento económico", sino también del medio ambiente. Pero podría referirse a los españoles.
También estos han dejado de tener en Bush un referente, y parecen mirar a otras latitudes.


21.7.08

¡Así se defiende la Laicidad!

La larga historia de escándalos en Francia relacionados con el velo islámico, de casi 20 años, vivió hace unos días un episodio más, tras la decisión del Consejo de Estado de privar de la nacionalidad francesa a una inmigrante marroquí por el mero hecho de vestir un burqa.
En su sentencia del 27 de junio pasado, el tribunal supremo administrativo francés dio la razón a los jueces y funcionarios que, anteriormente, habían privado de la nacionalidad francesa a la marroquí Faiza M., madre de familia instalada desde hace años con su marido en el departamento de Yvelines, en la periferia suroeste de París.
El Consejo de Estado estimó que eso de llevar todo el cuerpo cubierto, y sólo los ojos descubiertos, demostraba “una práctica radical de la religión incompatible con los valores esenciales de la comunidad francesa, especialmente con el principio de la igualdad de sexos”.
La viceministra de Asuntos Urbanos, Fadela Amara, expresó inmediatamente el apoyo del Gobierno de Sarkozy a la decisión. E incluso elevó la subasta, al permitirse hablar del velo como “una prisión o una camisa de fuerza”. Hasta el secretario del Partido Socialista, François Hollande, expresó su satisfacción.
Lo menos que se puede decir es que esos aplausos demuestran una unanimidad total de la inmensa mayoría de la clase política francesa en torno a una idea: las manifestaciones de religiosidad que mezclan islam y feminidad son sistemáticamente interpretadas como “incompatibles” con la “comunidad francesa”, por ser juzgadas, sea cuales sean las circunstancias, como una forma de sometimiento de la mujer.
Veinte años después del primer escándalo relacionado con el velo islámico, tras varios decretos y una ley de prohibición de signos religiosos “ostentatorios” en establecimientos escolares, las principales fuerzas políticas francesas han alcanzado un consenso sobre laicidad: sólo los símbolos musulmanes extremos son “ostentarios” e “incompatibles” con una supuesta “comunidad francesa”. Los otros, no.
El consenso sobre la necesidad de preservar la laicidad en Francia es prácticamente total desde la ley de 2004 que prohíbe el “porte ostentatorio” de signos religiosos en las escuelas públicas o bajo contrato con el Estado.
Esta valiente medida en defensa de la laicidad y de los valores republicanos debería hacer reflexionar seriamente a nuestros políticos a este lado de lo Pirineos y más, cuando día si y día también observamos con desagrado la timidez (¿cobardía?) con que los partidos políticos (y me refiero concretamente a los de la izquierda y en especial al PSOE, aunque me duela decirlo) hacen frente a sus ineludibles compromisos en el alineamiento claro y rotundo en la defensa inequívoca de la laicidad.
El principio de Igualdad exige (si uno cree realmente en él) ser inflexible frente a cualquier manifestación de discriminación entre hombres y mujeres, y la Libertad nunca puede ser un refugio que justifique la libertad de expresión de sus enemigos (lease integristas musulmanes o católicos, que como todos sabemos tanto da porque los extremos se tocan).
No hemos estado luchando en Europa por los valores de la Ilustración desde hace siglos para acabar substituyendo el totalitarismo de la Cruz y el Cura por el de la Media Luna y el Imam.
En definitiva: VIVE LA FRANCE!!!

12.7.08

Pintures del món flotant


Avui he tingut ocasió de visitar l'exposició de gravats Ukiyo-e a La Pedrera.
Pels amants de la cultura oriental i la japonesa en particular, aquesta exposició no té preu.
Us la recomano fervorosament.

3.7.08

Restos del Franquismo Eclesiástico


Alberto Moncada.
Publicat a elplural.com (3/7/08)

España tiene peculiaridades sociales que no tiene el resto de Europa, por ejemplo, la intromisión de los obispos en la vida política.
En el resto de los países europeos que incluyen, la mayoría de ellos, la educación para la ciudadanía en su curriculum escolar, no sería inteligible que los obispos invitasen a los fieles a oponerse a ella e incluso alentasen la desobediencia a una ley aprobada por el Congreso. Ni en Francia, ni en Alemania, ni siquiera en Italia donde está domiciliado el Vaticano, centro de esa burocracia, se han atrevido los obispos a comportarse como sus colegas españoles Claro que tambien en España tenemos un partido conservador, con bastantes reliquias franquistas, que colabora entusiásticamente a esa intromisión episcopal y, en algún caso, como en la Comunidad valenciana que gobierna, hacen burla del precepto decretando que la asignatura se imparta en inglés.
Los obispos españoles, que formaban por derecho propio parte de las Cortes franquistas, reaccionan frente a la progresiva disminución de la práctica del catolicismo y a su propia irrelevancia social, con un empeño persistente en participar en política sin legitimación democrática y aunque nadie discute que puedan aconsejar a sus fieles a ese o a cualquier respecto, lo que es incompatible con el orden constitucional es que se arroguen la misma potestad de vigilancia moral que el franquismo les concedía. La moral ciudadana se convierte en ley ordinaria por consenso cívico sin legitimaciones externas. La moral democrática considera obligatorio el pago de los impuestos que la moral eclesiástica considera leyes meramente penales, es decir, que no obligan en conciencia. Si uno prueba a confesarse de haber engañado al Fisco verá que del confesionario no sale ningún reproche moral.
La equiparación gubernamental del decreciente catolicismo a otras confesiones que aumentan o se mantienen, como el protestantismo, el judaísmo y, sobre todo, el islamismo, sigue sacando de quicio al episcopado español que protesta porque el Gobierno reconozca un hecho sociológico.
En todo caso, el asunto más peliagudo, y que muestra la extrema pereza del Gobierno socialista al respecto, es que el clero siga siendo costeado por los contribuyentes y tambien muchas de las actividades eclesiásticas so pretexto de su cometido benéfico. Las ONGs laicas realizan esas mismas acciones y, sobre todo, el Estado bienestar está sustituyendo al voluntarismo de las obras de misericordia.
El tema educativo sigue también complicado y plantea confrontaciones como la insistencia de los dueños confesionales de escuelas concertadas que se obstinan en separar a los varones de las hembras en las aulas. De hecho, la doctrina europea de que la educación pública sea para todos y la privada para quienes la paguen quebró con la introducción de la concertada, fruto del pacto de la transición, que supone un uso indebido de fondos públicos y una demora “ad calendas graecas” de la europeización de nuestra educación primaria.
Con el fin de presentar un perfil fiscal beneficioso, los obispos españoles se niegan a borrar de sus registros a quienes, bautizados sin su consentimiento, se niegan a seguir siendo católicos y hacen de la apostasía un procedimiento enojosísimo, entre otras razones porque, si se generaliza, la cuenta de ingresos, a tanto por católico, disminuiría notablemente.
Pero esta obsesión con el dinero siempre ha sido eclesiástica y produjo, entre otros efectos, la protesta luterana contra la venta de indulgencias. Es sabido que la prohibición de casarse de los clérigos se debe, sobre todo, a que sus hijos heredarían el patrimonio de sus padres y la Iglesia prefiere que sus clérigos disfruten de una vida sexual libertina a que se casen y generen derechos para su descendencia. Claro que esto no es cosa del franquismo sino bastante anterior. El franquismo nos imponía a los bautizados el matrimonio canónico y la potestad única de la Iglesia para anularlo. Ambos se los ha llevado la trampa en menos de treinta años.

28.6.08

El derecho a darse de baja de la Iglesia Católica


La iglesia católica manifiesta contar con muchos más fieles de los que en realidad congrega. Para alimentar esta colosal falacia, recurre a su método reiterado: quebrantar la ley. Así, se resiste a tramitar las solicitudes de baja, para exhibir unas cifras embaucadoras y obtener con ello los beneficios que todos conocemos.
El profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Jesús Alberto Messía de la Cerda Ballesteros, ha publicado un excelente estudio sobre el derecho de todo ciudadano a la apostasía, en concreto, a cancelar sus datos como miembro de la iglesia romana (Actualidad Administrativa, nº 1; 1-15 de junio 2008, Editorial LA LEY).

En la exposición se reseñan las sentencias 396/2006 y 199/2006 emanadas de la sección 1ª de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional, resolviendo sendos recursos por los cuales se instaba a un arzobispado a expedir la cancelación del asiento de bautismo, habida cuenta la intención del recurrente de causar baja en dicha organización religiosa.

Esta manifestación de voluntad debía tener reflejo formal en los archivos eclesiásticos, en virtud de lo prevenido en el artículo 2 de la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD).

Los obispos, con evidente afán obstruccionista, alegaban que la LOPD no resultaba de aplicación ya que “los libros bautismales, en realidad no son archivos”.

También argüían, en cínica contradicción, que el Concordato proclama la inviolabilidad de los archivos eclesiásticos. Pero los argumentos de los obispos eran tan inconsistentes e impúdicos que fueron rechazados.

Por el contrario, el artículo 4,3 de la LOPD determina que “Los datos de carácter personal serán exactos y puestos al día, de forma que respondan con veracidad a la situación actual del afectado”. En igual sentido, la Directiva 95/46/CE de 24 de octubre.

Además, el Tribunal Constitucional en sentencias de 292/2000 y 141/2000 ha confirmado que, en materia de libertad religiosa, se impone el deber de actualización de datos. Es obvio que los libros bautismales constituyen un caso claro de fichero en el que se incluyen datos personales. Esta circunstancia justifica de por sí la aplicación de la LOPD, sin que el Concordato lo evite, pues los acuerdos con la iglesia romana deben interpretarse a la luz de la Constitución y el ordenamiento jurídico español.

Por supuesto, la iglesia católica va a seguir entorpeciendo el derecho a darse de baja de sus filas, pero la ley y la razón están de nuestra parte y hay que exigir su cumplimiento frente a los vulneradores. Urgen campañas masivas que conciencien a la ciudadanía para darse de baja de esta institución cuyo parecido con el cristianismo primitivo no se vislumbra ni con microscopio. Confiemos y trabajemos para que pronto, el solicitar la baja de la iglesia católica sea un acto habitual.

7.6.08

Contra las tinieblas



El Estado español no reconoce una religión oficial pero reserva privilegios para la comunidad de creyentes de la Iglesia católica La Lliga per la Laïcitat ha preparado una campaña de actuación orientada a los estudiantes de secundaria y bachillerato denominada "Per una Educació Laïca"
En breve los centros educativos recibirán los materiales didácticos en los que esta asociación trata de definir con palabras sencillas y claras qué es la laicidad. Diré ya de entrada que esta asociación aboga por una laicidad activa (no por una mera aconfesionalidad neutra), pues consideran que sólo si un gobierno tiene la posibilidad de injerencia democrática en la vida de las confesiones religiosas puede garantizar que las enseñanzas de estas no contradigan los valores de la convivencia en libertad.
El Estado español es un Estado no confesional, lo que significa que, aunque no reconoce una religión oficial, reserva determinados privilegios para la comunidad de creyentes de la Iglesia católica.
Por eso el Estado español mantiene en vigor, por poner un ejemplo, el famoso concordato con la Santa Sede.
Por eso de vez en cuando los políticos participan públicamente en actos religiosos; por eso la monarquía sigue a pies juntillas los dictados de la Iglesia en sus ceremonias, pese a que la legitimidad de nuestro Monarca nace de la Constitución de 1978 y no de la tradición de la monarquía católica. Y por eso, en fin, durante años hemos tenido una pintoresca asignatura: alternativa a la religión, cuyo nombre lo dice todo...
La aspiración de la Lliga per la Laïcitat es superar este estado de cosas y liberar la esfera pública de toda influencia religiosa: desde la escuela, que debería ser un espacio público destinado a promover el pensamiento libre y la capacidad crítica de los alumnos, hasta el matrimonio, que debería ser sólo válido cuando es civil, sin perjuicio de que cada cual contraiga nupcias en el templo de su confesión. La asociación tiene también propuestas concretas: que se forme una comisión parlamentaria de la laicidad que garantice la ausencia de hegemonía de una corriente de pensamiento sobre las demás; y que se elabore una declaración europea del laicismo.
Lo cierto es que esta labor didáctica, en un país como el nuestro, resulta de lo más necesaria. Las constantes injerencias de la Iglesia en lo político han sembrado innumerables paradojas que confunden a la mayoría de los ciudadanos, que no tenemos claras las relaciones entre ambos terrenos. Son muchos, además, los que piensan en términos de dualidad religioso/ laico, olvidando que en su momento el Estado español optó por una tercera vía, la de Estado no confesional, algo difícil de entender especialmente por los jóvenes que no vivieron la transición. Bien está que esta campaña, aparte de declarar sus aspiraciones a un Estado laico, trate de poner los puntos sobre las íes.
Para los que nos sentimos acosados por integrismos de todo tipo, para los que tenemos la impresión de que el mundo se aleja cada vez más del laicismo que emanó del siglo de las luces (tanto que hasta Nicolas Sarkozy, presidente del país donde esas luces se encendieron por vez primera se ha sacado de la manga el sospechoso concepto de "laicismo positivo"), propuestas de este tipo nos resultan convincentes.
Yo, por lo menos, no conozco otras que posibiliten el regreso a un camino de respeto y tolerancia. Y sólo así, es decir, propugnando poner en pie mecanismos concretos, será posible preservar una auténtica libertad de culto y, lo que es más, una auténtica libertad de pensamiento, ahora que la libertad de los que no rinden culto alguno, heterodoxos, herejes y librepensadores, parece estar en permanente regresión.

6.6.08

¿El Gobierno tiene miedo de la Iglesia?

EL PÚBLICO 01/61/2008 Jordi Serrano Blanquer

La izquierda española actual nunca ha entendido por qué el movimiento obrero y la historia cultural pedagógica y política de la izquierda eran anticlericales. Creemos que en los últimos meses bastante gente ha empezado a entender retrospectivamente que aquellos pobres obreros de los siglos XIX y XX que no habían podido estudiar probablemente tenían razón.
¿Qué sabían aquellos jóvenes que no sabemos ahora? (La gallina ciega, Max Aub) Seguramente que sólo la Iglesia puede nuclear una potente extrema derecha en España.Cuando oímos clamar a la Conferencia Episcopal Española (CEE) contra los excesos laicistas del Gobierno de España de Rodríguez Zapatero empezamos a intuir que la reacción que tuvo durante la república era igualmente desproporcionada. En realidad Rodríguez Zapatero ha aumentado del 0,5% al 0,7% el dinero de la Iglesia.
¿Dónde está el laicismo radical de Zapatero?
No entendemos por qué las elites políticas de la izquierda española aun piensan que sus votantes son reos de la CEE. Pensamos que la sociedad ya no es católica o lo está dejando de ser a marchas forzadas por muchos tópicos que se repitan.
Veamos. La CEE dice que el 90% de españoles son católicos.
El CIS rebaja estas cifras al 76%. Ciencia y religión en España nunca han ido de la mano.
Pero si preguntamos a los españoles si son religiosos sólo nos dicen que lo son un 41% (se sitúan entre el 0 y el 4 en una escala de 10), por lo que deducimos que muchos españoles –un 35%– que se consideran católicos porque los bautizaron sin preguntarles, se consideran no religiosos. ¡Sorprendente! Spain is different. Pero además, si profundizamos vemos cómo sólo se declaran católicos practicantes un 36% y si preguntamos cuántos van a misa regularmente veremos que sólo lo hace un 15%. (Por cierto, ¿Unos socialistas no practicantes serían Carlos Solchaga y David Taguas?)
Si hacemos el mismo ejercicio con los jóvenes españoles nos daremos cuenta de las causas del nerviosismo de la CEE. Sólo un 49% de jóvenes se declara católico (Fundación Santa María). Que se declaren católicos practicantes un 10% y que asistan semanalmente a misa, menos del 4%. Qué lejos están estos datos de la idea tan extendida de una España católica.
Pero hay más. Si analizamos cuánta gente pone la crucecita en la Iglesia católica en la declaración de la renta, vemos que son sólo un 22%.
Aprovechamos para denunciar como anticonstitucional que en un documento público se haga declarar sobre la conciencia individual: el artículo 16 de la Constitución dice que “Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias”. Y se te hace declarar ni más ni menos en la declaración de la renta. Pero hay más, si pones las dos crucecitas significa no que se reparte el 0,7 la mitad para otros fines y la mitad para la Iglesia, sino el 0,7 a cada opción. Un escándalo.
Más escándalo, que un 20% del dinero destinado a “Otros fines sociales” va a parar también a la Iglesia católica a organizaciones tan curiosas como “Juventudes Marianas Vicencianas”, “Mercedarios provincia de Castilla”, “Ministros de los Enfermos Religiosos Camilos orden en España”, “Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad”, “Asociación Católica Internacional de Servicios a la Juventud Femenina”, “Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl” por poner sólo las más chocantes.
Parece ahora que hay quien quiere colarnos la idea que poner más casillas para todas las confesiones es laicidad.
No.
Laicidad, separación real de la Iglesia y el Estado, es que los creyentes de cada religión se paguen a sus funcionarios al margen de los presupuestos generales del Estado.
Además o se va al laicismo o vamos al sistema belga, esto es, que hartos ya de tanto privilegio a las confesiones religiosas al final, los laicos, querremos una casilla en la declaración de la renta que diga “a fines laicos de verdad”. Que quede claro que no nos gusta este modelo, pero la falta de decisión acerca de cuestiones de valores nos puede conducir al desastre.
Pero que nadie crea que esta minoría de ciudadanos que se declaran católicos practicantes sean seguidores de la CEE, la mayoría no les hace ni caso en su vida cotidiana y muchos de ellos están más próximos a la iglesia de San Carlos Borromeo de Vallecas y al obispo Pere Casaldàliga.
¿Sobre cuanta gente tiene poder pues la CEE? Solamente sobre los votantes del centro… de la extrema derecha. ¿Un 10%?
Podemos afirmar que por mucho que la CEE pida el voto para la extrema derecha no tiene ningún impacto sobre la mayoría de la población.
¿Por qué hay tanto miedo?
El problema de España no ha sido nunca espiritual sino el poder de la Iglesia.
Carles Cardó, quien fue secretario de Vidal i Barraquer uno de los pocos obispos que no quiso colaborar con la cruzada, escribió en el libro El gran refús: “La turbas no quemaron las iglesias sino después que aquellos sacerdotes hubieran quemado la Iglesia”.
Lo que hay que hacer es denunciar ya el concordato de 1953 firmado por el ministro Martín Artajo en nombre de Francisco Franco y los acuerdos concordatarios de 1976 y 1979. Acuerdos que nos asemejan más a países teocráticos como Irán o Arabia Saudita que a un país civilizado. Sin este requisito, la anunciada modificación de la ley de Libertad Religiosa es un engaño total.
Defendemos la asignatura Educación para la Ciudadanía porque entendemos que el estado tiene que educar en los valores democráticos, ahora bien, esto no nos puede hacer perder de vista la idea de que hay que acabar de una vez con la asignatura de religión en las escuelas, pero para ello hay que derogar el concordato de 1953 y los acuerdos concordatarios de 1979.
¿Aprenderemos de nuestro pasado e intentaremos de una vez la separación de la Iglesia del Estado? ¿Nadie escuchó las demandas de los votantes en los mítines? No tendremos una democracia verdadera sin tutelas mientras los diputados que representan a una amplia mayoría en el país no se atrevan a derogar el concordato.
¿La soberanía no residía en la voluntad popular?

17.5.08

I ADORE BARCELONA!!!

Yes, I'm a fan of Barcelona. Is the city where I live and where I want to live forever more!!!
Today I want to post the clip of the last movie of Woody Allen (another fan of BCN) "Vicky Cristina Barcelona".
Woody told about BCN: "is a very romantic, exotic, beautiful, European, cosmopolitan city. If I were not living in Manhattan be sure that I would live in Barcelona".
I agree with him. Barcelona is the best place to live. ;-)
Today I bring you the trailer of the last movie of Woody with its interesting, exotic, fusion soundtrack played by the interesting Barceloner band "Giulia y Los Tellarini "

7.5.08

Per l'Objecció Fiscal al Finançament de l'Església Catòlica!

Des d'aquestes pàgines, volem donar suport a la campanya d'objecció fiscal al finançament de l'Esglesia Catòlica promogut per l'organització Laicismo.org.
Per més informació visiteu la pàgina de la web de l'organització, on us donaran explicacions detallades sobre com preparar la vostra declaració de l'IRPF per tal que els vostres impostos no vagin a parar a mans dels enemics de la Llibertat, la Humanitat i la Raó.