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12.11.16

Reflexión desde la desesperación



Realmente, pienso que la cosa está muy mal.
A lo largo y ancho del planeta surgen con fuerza opciones políticas populistas que crecen y  crecen entre una clase media empobrecida y proletarizada por las políticas neoliberales aplicadas sin piedad desde la Revolución Conservadora de los 80 liderada por Reagan y Thatcher y que alcanzó su paroxismo psicopático con el rescate económico de los causantes de la crisis y la condena de sus víctimas como resultado de la crisis del 2008. Y todo ello con nuestro dinero y con el de nadie más.
La victoria de Trump y el florecimiento de la extrema derecha en esta Carcel de los Pueblos que hemos convenido en denominar Unión Europea (¡¡¡Maldita Sea!!!), configuran un panorama terrorífico y desolador en el que, aunque muchos ilusos no se den cuenta, ha destruido en Contrato Social y está convirtiendo a la Democracia, como principio, en un  concepto vacio y a la deriva que nos libera de seguir obedeciendo a la Ley, que ha pasado de ser desde el fundamento del Estado de Democrático de Derecho a la plasmación de un Estado Tiránico Sin Derecho.
¡¡¡Es la Revolución, estúpido!!!
Los partidos del Sistema siguen ganando elecciones (y es que nos encontramos inmersos en el Planeta Zombie) y mientras que en los USA gana las elecciones un patán, fascista, analfabestia y misógino como Donald Trump (y no es que Hillary fuera la panacea porque era una gran belicista), los Ciudadanos de a pié estamos perplejos y desorientados. 
Sabemos que esta gentuza no nos representa y sabemos también que nuestra indignación no es representada ni canalizada por nadie a fecha de hoy.
Horror Vacui que va en paralelo a la necesidad de tomar las riendas de nuestra propia vida y hacer la Revolución en la que caigan de una vez por todas las caretas y muchas, muchas cabezas.
Hay un cabreo universal mayúsculo hacia el orden establecido que recorre Occidente. 
El 1% de la población se impone frente al 99% pero nosotros, el Pueblo, ni estamos organizados ni controlamos los resortes del Poder.
La gentuza va ganando la partida y nosotros, en lo económico, la vamos perdiendo inexorablemente en forma de paro, trabajos precarios y sueldos de miseria que frustran cualquier proyecto autónomo de vida y nos llevan inexorablemente a la exclusión y a la  marginación social, mientras que en lo político, la desorientación ante la falta de referentes honestos que defiendan a la Plebe y la capacidad de movilización en defensa de nuestra causa, que es la de la Humanidad frente a la élite, nos lleva inexorablemente a la deriva y a la derrota.
Y a partir de este eje, nops encontramos en un Totum Revolutum en el que conviven sinceros llamamientos a un cambio imprescindible y la emergencia del populismo de medio pelo pero con un enorme predicamento entre el elector zombie.
Francamente pienso que lo tenemos muy mal.
Los Privilegiados crearon la crisis y nosotros la estamos pagando con el silencio cómplice y olaboracionista de los obsoletos partidos del Sistema, momias del pasado que ya no se representan ni a sí mismos.
El futuro que se presenta ante nuestros ojos es mucho más que una distopía. Es el puto infierno.
¿Hay esperanza?. 
No tengo ni idea.
Quizás el futuro del planeta dependa de la caída de un meteorito cuyos devastadores efectos nos igualen a todos: privilegiados y esclavos.Quizás sea una buena oportunidad para los que puedan sobrevivir. 
¡Yo que sé!.
Lo único que puedo decir es que una vez roto el Contrato Social, clave de bóveda del Sistema Democrático, todo lo que se sigue de aquel, se ha corrompido y lo único que nos queda es convertirnos en Partisanos.
No soy muy optimista con respecto a la guerra de guerrillas resultante de lanzarse al monte con el viejo trabuco del bisabuelo, porque las élites tienen la situación muy bien controlada por lo cual, llegados a este punto quizás solo nos quede la disyuntiva de Vencer o Morir en el intento como los 300 de las Termópilas.
Triste destino el nuestro.

11.5.16

Neoliberalismo: la raíz ideológica de todos nuestros problemas

Artículo de George Monbiot. Publicado en "The Guardian" (15-4-2016)

Desde el colapso económico hasta el desastre ambiental, pasando por el ascenso de Donald Trump: el neoliberalismo ha desempeñado un papel en todos ellos. ¿Cómo es posible que la izquierda no haya planteado una alternativa?
Imaginen que los ciudadanos de la Unión Soviética no hubieran oído hablar del comunismo. Pues bien, la mayoría de la población desconoce el nombre de la ideología que domina nuestras vidas. 
Si la mencionan en una conversación, se ganarán un encogimiento de hombros; y, aunque su interlocutor haya oído el término con anterioridad, tendrá problemas para definirlo. ¿Saben qué es el neoliberalismo?
Su anonimato es causa y efecto de su poder. Ha sido protagonista en crisis de lo más variadas: el colapso financiero de los años 2007 y 2008, la externalización de dinero y poder a los paraísos fiscales (los "papeles de Panamá" son solo la punta del iceberg), la lenta destrucción de la educación y la sanidad públicas, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, el colapso de los ecosistemas y hasta el ascenso de Donald Trump. Sin embargo, esas crisis nos parecen elementos aislados, que no guardan relación. No somos conscientes de que todas ellas son producto directo o indirecto del mismo factor: una filosofía que tiene un nombre; o, más bien, que lo tenía. ¿Y qué da más poder que actuar de incógnito?
El neoliberalismo es tan ubicuo que ni siquiera lo reconocemos como ideología. Aparentemente, hemos asumido el ideal de su fe milenaria como si fuera una fuerza natural; una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero nació con la intención deliberada de remodelar la vida humana y cambiar el centro del poder.
Para el neoliberalismo, la competencia es la característica fundamental de las relaciones sociales. Afirma que "el mercado" produce beneficios que no se podrían conseguir mediante la planificación, y convierte a los ciudadanos en consumidores cuyas opciones democráticas se reducen como mucho a comprar y vender, proceso que supuestamente premia el mérito y castiga la ineficacia. Todo lo que limite la competencia es, desde su punto de vista, contrario a la libertad. Hay que bajar los impuestos, reducir los controles y privatizar los servicios públicos. Las organizaciones obreras y la negociación colectiva no son más que distorsiones del mercado que dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y perdedores. La desigualdad es una virtud: una recompensa al esfuerzo y un generador de riqueza que beneficia a todos. La pretensión de crear una sociedad más equitativa es contraproducente y moralmente corrosiva. El mercado se asegura de que todos reciban lo que merecen.
Asumimos y reproducimos su credo. Los ricos se convencen de que son ricos por méritos propios, sin que sus privilegios (educativos, patrimoniales, de clase) hayan tenido nada que ver. Los pobres se culpan de su fracaso, aunque no puedan hacer gran cosa por cambiar las circunstancias que determinan su existencia. ¿Desempleo estructural? Si usted no tiene empleo, es porque carece de iniciativa. ¿Viviendas de precios desorbitados? Si su cuenta está en números rojos, es por su incompetencia y falta de previsión. ¿Qué es eso de que el colegio de sus hijos ya no tiene instalaciones de educación física? Si engordan, es culpa suya. En un mundo gobernado por la competencia, los que caen pasan a ser perdedores ante la sociedad y ante sí mismos.
La epidemia de autolesiones, desórdenes alimentarios, depresión, incomunicación, ansiedad y fobia social es una de las consecuencias de ese proceso, que Paul Verhaeghe documenta en su libro What About Me?. No es sorprendente que Gran Bretaña, el país donde la ideología neoliberal se ha aplicado con más rigor, sea la capital europea de la soledad. Ahora, todos somos neoliberales.
El término neoliberalismo se acuñó en París, en una reunión celebrada en 1938. Su definición ideológica es hija de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, dos exiliados austríacos que rechazaban la democracia social (representada por el New Deal de Franklin Roosevelt y el desarrollo gradual del Estado del bienestar británico) porque la consideraban una expresión colectivista a la altura del comunismo y del movimiento nazi.
En Camino de servidumbre (1944), Hayek afirma que la planificación estatal aplasta el individualismo y conduce inevitablemente al totalitarismo. Su libro, que tuvo tanto éxito como La burocracia de Mises, llegó a ojos de determinados ricos que vieron en su ideología una oportunidad de librarse de los impuestos y las regulaciones. En 1947, cuando Hayek fundó la primera organización encargada de extender su doctrina (la Mont Perelin Society), obtuvo apoyo económico de muchos millonarios y de sus fundaciones.
Gracias a ellos, Hayek empezó a crear lo que Daniel Stedman Jones describe enAmos del universo como "una especie de Internacional Neoliberal", una red interatlántica de académicos, empresarios, periodistas y activistas. Además, sus ricos promotores financiaron una serie de comités de expertos cuya labor consistía en perfeccionar y promover el credo; entre ellas, el American Enterprise Institute, la Heritage Foundation, el Cato Institute, el Institute of Economic Affairs, el Centre for Policy Studies y el Adam Smith Institute. También financiaron departamentos y puestos académicos en muchas universidades, sobre todo de Chicago y Virginia.
Cuanto más crecía el neoliberalismo, más estridente era. La idea de Hayek de que los Gobiernos debían regular la competencia para impedir monopolios dio paso entre sus apóstoles estadounidenses −como Milton Friedman− a la idea de que los monopolios venían a ser un premio a la eficacia. Pero aquella evolución tuvo otra consecuencia: que el movimiento perdió el nombre. En 1951, Friedman se definía neoliberal sin tapujo alguno. Poco después, el término empezó a desaparecer. Y por si eso no fuera suficientemente extraño en una ideología cada vez más tajante y en un movimiento cada vez más coherente, no buscaron sustituto para el nombre perdido.

Ideología en la sombra
A pesar de su dadivosa financiación, el neoliberalismo permaneció al principio en la sombra. El consenso de posguerra era prácticamente universal: las recetas económicas de John Maynard Keynes se aplicaban en muchos lugares del planeta; el pleno empleo y la reducción de la pobreza eran objetivos comunes de los Estados Unidos y de casi toda Europa occidental; los impuestos al capital eran altos y los Gobiernos no se avergonzaban de buscar objetivos sociales mediante servicios públicos nuevos y nuevas redes de apoyo.
Pero, en la década de 1970, cuando la crisis económica sacudió las dos orillas del Atlántico y el keynesianismo se empezó a derrumbar, los principios neoliberales se empezaron a abrir paso en la cultura dominante. 
En palabras de Friedman, "se necesitaba un cambio (...) y ya había una alternativa preparada". Con ayuda de periodistas y consejeros políticos adeptos a la causa, consiguieron que los Gobiernos de Jimmy Carter y Jim Callaghan aplicaran elementos del neoliberalismo (sobre todo en materia de política monetaria) en los Estados Unidos y Gran Bretaña, respectivamente.
El resto del paquete llegó enseguida, tras los triunfos electorales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan: reducciones masivas de los impuestos de los ricos, destrucción del sindicalismo, desregulación, privatización y tercerización y subcontratación de los servicios públicos. La doctrina neoliberal se impuso en casi todo el mundo −y, frecuentemente, sin consenso democrático de ninguna clase− a través del FMI, el Banco Mundial, el Tratado de Maastricht y la Organización Mundial del Comercio. Hasta partidos que habían pertenecido a la izquierda adoptaron sus principios; por ejemplo, el Laborista y el Demócrata. Como afirma Stedman Jones, "cuesta encontrar otra utopía que se haya hecho realidad de un modo tan absoluto".
Puede parecer extraño que un credo que prometía libertad y capacidad de decisión se promoviera con este lema: "No hay alternativa". 
Pero, como dijo Hayek durante una visita al Chile de Pinochet (uno de los primeros países que aplicaron el programa de forma exhaustiva), "me siento más cerca de una dictadura neoliberal que de un gobierno democrático sin liberalismo".
La libertad de los neoliberales, que suena tan bien cuando se expresa en términos generales, es libertad para el pez grande, no para el pequeño. Liberarse de los sindicatos y la negociación colectiva significa libertad para reducir los salarios. Liberarse de las regulaciones estatales significa libertad para contaminar los ríos, poner en peligro a los trabajadores, imponer tipos de interés inicuos y diseñar exóticos instrumentos financieros. Liberarse de los impuestos significa liberarse de las políticas redistributivas que sacan a la gente de la pobreza.
En La doctrina del shock, Naomi Klein demuestra que los teóricos neoliberales propugnan el uso de las crisis para imponer políticas impopulares, aprovechando el desconcierto de la gente; por ejemplo, tras el golpe de Pinochet, la guerra de Irak y el huracán Katrina, que Friedman describió como "una oportunidad para reformar radicalmente el sistema educativo" de Nueva Orleans. Cuando no pueden imponer sus principios en un país, los imponen a través de tratados de carácter internacional que incluyen "instrumentos de arbitraje entre inversores y Estados", es decir, tribunales externos donde las corporaciones pueden presionar para que se eliminen las protecciones sociales y medioambientales. 
Cada vez que un Parlamento vota a favor de congelar el precio de la luz, de impedir que las farmacéuticas estafen al Estado, de proteger acuíferos en peligro por culpa de explotaciones mineras o de restringir la venta de tabaco, las corporaciones lo denuncian y, con frecuencia, ganan. Así, la democracia queda reducida a teatro.
La afirmación de que la competencia universal depende de un proceso de cuantificación y comparación universales es otra de las paradojas del neoliberalismo. Provoca que los trabajadores, las personas que buscan empleo y los propios servicios públicos se vean sometidos a un régimen opresivo de evaluación y seguimiento, pensado para identificar a los triunfadores y castigar a los perdedores. Según Von Mises, su doctrina nos iba a liberar de la pesadilla burocrática de la planificación central; y, en lugar de liberarnos de una pesadilla, creó otra.

Menos sindicalismo y más privatizaciones
Los padres del neoliberalismo no lo concibieron como chanchullo de unos pocos, pero se convirtió rápidamente en eso. El crecimiento económico de la era neoliberal (desde 1980 en GB y EEUU) es notablemente más bajo que el de las décadas anteriores; salvo en lo tocante a los más ricos. Las desigualdades de riqueza e ingresos, que se habían reducido a lo largo de 60 años, se dispararon gracias a la demolición del sindicalismo, las reducciones de impuestos, el aumento de los precios de vivienda y alquiler, las privatizaciones y las desregularizaciones.
La privatización total o parcial de los servicios públicos de energía, agua, trenes, salud, educación, carreteras y prisiones permitió que las grandes empresas establecieran peajes en recursos básicos y cobraran rentas por su uso a los ciudadanos o a los Gobiernos. 
El término renta también se refiere a los ingresos que no son fruto del trabajo. Cuando alguien paga un precio exagerado por un billete de tren, sólo una parte de dicho precio se destina a compensar a los operadores por el dinero gastado en combustible, salarios y materiales, entre otras partidas; el resto es la constatación de que las corporaciones tienen a los ciudadanos contra la pared.
Los dueños y directivos de los servicios públicos privatizados o semiprivatizados de Gran Bretaña ganan fortunas gigantescas mediante el procedimiento de invertir poco y cobrar mucho. 
En Rusia y la India, los oligarcas adquieren bienes estatales en liquidaciones por incendios. En México, Carlos Slim obtuvo el control de casi toda la red de telefonía fija y móvil y se convirtió en el hombre más rico del mundo.
Andrew Sayer afirma en Why We Can't Afford the Rich que la financiarización ha tenido consecuencias parecidas: "Como sucede con la renta, los intereses son (...) un ingreso acumulativo que no exige de esfuerzo alguno". Cuanto más se empobrecen los pobres y más se enriquecen los ricos, más control tienen los segundos sobre otro bien crucial: el dinero. Los intereses son, sobre todo, una transferencia de dinero de los pobres a los ricos. Los precios de las propiedades y la negativa de los Estados a ofrecer financiación condenan a la gente a cargarse de deudas (piensen en lo que pasó en Gran Bretaña cuando se cambiaron las becas escolares por créditos escolares), y los bancos y sus ejecutivos hacen el agosto.
Sayer sostiene que las cuatro últimas décadas se han caracterizado por una transferencia de riqueza que no es sólo de pobres a ricos, sino también de unos ricos a otros: de los que ganan dinero produciendo bienes o servicios a los que ganan dinero controlando los activos existentes y recogiendo beneficios de renta, intereses o capital. Los ingresos fruto del trabajo se han visto sustituidos por ingresos que no dependen de este.
El hundimiento de los mercados ha puesto al neoliberalismo en una situación difícil. 
Por si no fuera suficiente con los bancos demasiado grandes para dejarlos caer, las corporaciones se ven ahora en la tesitura de ofrecer servicios públicos. Como observó Tony Judt en Ill Fares the Land, Hayek olvidó que no se puede permitir que los servicios nacionales de carácter esencial se hundan, lo cual implica que la competencia queda anulada. Las empresas se llevan los beneficios y el Estado corre con los gastos.
A mayor fracaso de una ideología, mayor extremismo en su aplicación. Los Gobiernos utilizan las crisis neoliberales como excusa y oportunidad para reducir impuestos, privatizar los servicios públicos que aún no se habían privatizado, abrir agujeros en la red de protección social, desregularizar a las corporaciones y volver a regular a los ciudadanos. El Estado que se odia a sí mismo se dedica a hundir sus dientes en todos los órganos del sector público.

De la crisis económica a la crisis política
Es posible que la consecuencia más peligrosa del neoliberalismo no sea la crisis económica que ha causado, sino la crisis política. A medida que se reduce el poder del Estado, también se reduce nuestra capacidad para cambiar las cosas mediante el voto. Según la teoría neoliberal, la gente ejerce su libertad a través del gasto; pero algunos pueden gastar más que otros y, en la gran democracia de consumidores o accionistas, los votos no se distribuyen de forma equitativa. El resultado es una pérdida de poder de las clases baja y media. Y, como los partidos de la derecha y de la antigua izquierda adoptan políticas neoliberales parecidas, la pérdida de poder se transforma en pérdida de derechos. Cada vez hay más gente que se ve expulsada de la política.
Chris Hedges puntualiza que "los movimientos fascistas no encontraron su base en las personas políticamente activas, sino en las inactivas; en los 'perdedores' que tenían la sensación, frecuentemente correcta, de que carecían de voz y espacio en el sistema político". 
Cuando la política deja de dirigirse a los ciudadanos, hay gente que la cambia por consignas, símbolos y sentimientos. Por poner un ejemplo, los admiradores de Trump parecen creer que los hechos y los argumentos son irrelevantes.
Judt explicó que, si la tupida malla de interacciones entre el Estado y los ciudadanos queda reducida a poco más que autoridad y obediencia, sólo quedará una fuerza que nos una: el poder del propio Estado. Normalmente, el totalitarismo que temía Hayek surge cuando los gobiernos pierden la autoridad ética derivada de la prestación de servicios públicos y se limitan a "engatusar, amenazar y, finalmente, a coaccionar a la gente para que obedezca".
El neoliberalismo es un dios que fracasó, como el socialismo real; pero, a diferencia de este, su doctrina se ha convertido en un zombie que sigue adelante, tambaleándose. Y uno de los motivos es su anonimato. O, más exactamente, un racimo de anonimatos.
La doctrina invisible de la mano invisible tiene promotores invisibles. 
Poco a poco, lentamente, hemos empezado a descubrir los nombres de algunos. Supimos que el Institute of Economic Affairs, que se manifestó rotundamente en los medios contra el aumento de las regulaciones de la industria del tabaco, recibía fondos de British American Tobacco desde 1963. Supimos que Charles y David Koch, dos de los hombres más ricos del mundo, fundaron el instituto del que surgió el Tea Party. Supimos lo que dijo Charles Kock al crear uno de sus laboratorios de ideas: "para evitar críticas indeseables, debemos abstenernos de hacer demasiada publicidad del funcionamiento y sistema directivo de nuestra organización".
Las palabras que usa el neoliberalismo tienden más a ocultar que a esclarecer. "El mercado" suena a sistema natural que se nos impone de forma igualitaria, como la gravedad o la presión atmosférica, pero está cargado de relaciones de poder. "Lo que el mercado quiere" suele ser lo que las corporaciones y sus dueños quieren. La palabra inversión significa dos cosas muy diferentes, como observa Sayer: una es la financiación de actividades productivas y socialmente útiles; otra, la compra de servicios existentes para exprimirlos y obtener rentas, intereses, dividendos y plusvalías. Usar la misma palabra para dos actividades tan distintas sirve para "camuflar las fuentes de riqueza" y empujarnos a confundir su extracción con su creación.

Franquicias, paraísos fiscales y desgravaciones
Hace un siglo, los ricos que habían heredado sus fortunas despreciaban a losnouveau riche; hasta el punto de que los empresarios buscaban aceptación social mediante el procedimiento de hacerse pasar por rentistas. En la actualidad, la relación se ha invertido: los rentistas y herederos se hacen pasar por emprendedores y afirman que sus riquezas son fruto del trabajo.
El anonimato y las confusiones del neoliberalismo se mezclan con la ausencia de nombre y la deslocalización del capitalismo moderno: Modelos de franquicias que aseguran que los trabajadores no sepan para quién trabajan; empresas registradas en redes de paraísos fiscales tan complejas y secretas que ni la policía puede encontrar a sus propietarios; sistemas de desgravación fiscal que confunden a los propios Gobiernos y productos financieros que no entiende nadie.
El neoliberalismo guarda celosamente su anonimato. 
Los seguidores de Hayek, Mises y Friedman tienden a rechazar el término con el argumento, no exento de razón, de que en la actualidad sólo se usa de forma peyorativa. Algunos se describen como liberales clásicos o incluso libertarios, pero son descripciones tan engañosas como curiosamente modestas, porque implican que no hay nada innovador en Camino de servidumbre, La burocracia o Capitalismo y libertad, el clásico de Friedman.
A pesar de todo, el proyecto neoliberal tuvo algo admirable; al menos, en su primera época: fue un conjunto de ideas novedosas promovido por una red coherente de pensadores y activistas con una estrategia clara. Fue paciente y persistente. El Camino de servidumbre se convirtió en camino al poder.
El triunfo del neoliberalismo también es un reflejo del fracaso de la izquierda. 
Cuando las políticas económicas de laissez-faire llevaron a la catástrofe de 1929, Keynes desarrolló una teoría económica completa para sustituirlas. Cuando el keynesianismo encalló en la década de 1970, ya había una alternativa preparada. Pero, en el año 2008, cuando el neoliberalismo fracasó, no había nada. Ese es el motivo de que el zombie siga adelante. La izquierda no ha producido ningún marco económico nuevo de carácter general desde hace ochenta años.
Toda apelación a lord Keynes es un reconocimiento implícito de fracaso. Proponer soluciones keynesianas para crisis del siglo XXI es hacer caso omiso de tres problemas obvios: que movilizar a la gente con ideas viejas es muy difícil; que los defectos que salieron a la luz en la década de 1970 no han desaparecido y, sobre todo, que no tienen nada que decir sobre el peor de nuestros aprietos, la crisis ecológica. El keynesianismo funciona estimulando el consumo y promoviendo el crecimiento económico, pero el consumo y el crecimiento económico son los motores de la destrucción ambiental.
La historia del keynesianismo y el neoliberalismo demuestra que no basta con oponerse a un sistema roto. Hay que proponer una alternativa congruente. 
Los laboristas, los demócratas y el conjunto de la izquierda se deberían concentrar en el desarrollo de un programa económico Apollo; un intento consciente de diseñar un sistema nuevo, a medida de las exigencias del siglo XXI.




27.2.16

Del pacte PSOE+ C's i de la incompetència manifesta de PODEMOS ( o del "apaga y vámonos")


El PSOE i C's han pactat i el pacte, per tota persona d'esquerres és una autèntica burla.
No perdré ni un segon parlant de Ciutadans. Aquesta formació política és de dretes (postmoderna i post-PP) i no acostumo a perdre el temps fent càbales sobre els seus interessos de l'IBEX-35 perquè ja sabem de que van i no enganyen a ningú.
Però sí que voldria fer 1 reflexió sobre el PSOE i sobre PODEMOS.
Comencem pel PSOE.
Com és possible que el PSOE hagi caigut tan baix com per articular un programa de govern (obedient i disciplinat amb el capital) que manté (sigui el que digui la direcció socialista i els seus palmeros)  l'essència de la contrareforma antisocial del Govern del PP en els últims 4 anys i fent un abjecte exercici d'engany a la Ciutadania dient-los que això és l'hòstia i que el "papanatas" del Pedro Sánchez, si arriba al govern en virtut d'aquest pacte espuri portarà a terme un programa polític progressista(???) "de puta mare" quan sap que, en realitat, l'acord amb Ciutadans és "un brindis al sol" que més enllà de la lletra del pacte no podrà ser dut a terme perquè el que no pot ser per l'aritmètica parlamentària és impossible més enllà de la pura i abjecta propaganda.
Ai... Chacón..., Ai Iceta... o sou tontos (és més que possible) o ho feu veure (seria estrany, coneixent-vos com us conec) i si fos així us hauríeu de dedicar a fer de "trileros" de baixa estofa a la Rambla o a vendre "crecepelo" en una cantonada.
El Pacte de Govern d'Esquerres no ha estat possible.
En primer lloc perquè el PSOE ni pot ni vol, però també perquè la pueril estratègia negociadora de PODEMOS del narcisista i egocèntric Pablo Iglesias, no estava per la labor i aquest petit Napoleó només pensa (des del principi dels temps) en treure profit d'unes eleccions avançades per menjar-se al PSOE.
I és que si algú té algun dubte sobre la voluntat negociadora de PODEMOS, només cal fer 1 repàs a la seva estratègia de les línies vermelles i de les seves imposicions de demanda de "sillons" abans de parlar de "programa, programa i programa".
En poques paraules, que això és una merda i personalment només salvo de la foguera a la Unitat Popular de Garzón (1 tipus potent i que em mereix tot el meu respecte) i a Compromís.
Tornem al Pacte  PSOE+ C's.
En política econòmica, un desastre. Es renuncia a la reforma de l'abolició de la contrareforma de l'inhumà quadrienni de govern del PP (que per mi és un principi bàsic i irrenunciable) i el PSOE va i s'hi adapta dòcilment sense reaccionar, com a partit d'esquerres davant una estratègia que ha fracassat rotundament i que ha provocat els majors i insofribles índex de desigualtat social que es recordin. Es fan concessions a la galeria com quan parlen de la Renda Mínima de Ciutadania i es sotmeten servilment al Diktat de la Unió Europea en matèria de renegociació dels límits del dèficit i del pagament del deute.
De la reforma fiscal, ni en parlem. El PSOE fa seu el sistema regressiu que ha establert el PP durant aquests últims 4 anys, prometent un impost per a les grans fortunes, amb la mateixa credibilitat que garantir a tot ciutadà un latifundi al planeta Jupiter i tarifa de Rodalies per als viatges interestel·lars.
En el tema de la reforma territorial de l'Estat, el PSOE accepta la supressió de les Diputacions (punt en el que hi estic plenament d'acord), sabent que l'aritmètica parlamentària fa inviable la "reforma constitucional exprés" proposada per l'oportunista Rivera (que no té cap mena d'ideologia més enllà de la satisfacció del seu superego personal per arribar al poder), mentre que els barons i la casta (crosta) sociata comença a manifestar-se en contra de la supressió de les Diputacions Provincials per evitar quedar-se sense els seus privilegis i els seus sous milionaris justificat pel dret consuetudinari que tenen els elefants quan es retiren al seu privilegiat i exclusiu retiro per morir en l'opulència cobrant sous de collons per no fotre una merda i vivint del "cuentu" en un tranquil "dolce far niente" fins que els hi arribi la daurada i privilegiada jubilació.
I mentrestant.... la gent segueix sotmesa  a la mateixa misèria i les mateixes injustícies que durant el govern del PP. Però això, no importa, perquè SOM  danys col·laterals que no els importem una merda.
Però, per ser justos,  no ens oblidem de PODEMOS.
Com he dit abans la seva estratègia negociadora, des dels seus inicis, ha estat pueril, catastròfica, infantil i idiota i tampoc els ha importat 1 merda les necessitats de la gent i només han pensat en el seu objectiu polític de propiciar unes noves eleccions a veure si es mengen al PSOE i prou. Tant de temps empollant a la Facu de Polítiques, només els ha servit per adoptar el maquiavelisme de la "Casta" i han suspès amb un "zero patatero" l'assignatura  de negociació política.... i del sentit comú també.
D'aquesta crema, com ja he avançat abans, només salvo a Unitat Popular i a les confluències; aquestes, en major o menor grau.
Avui s'ha obert el procés de votació entre la militància del PSOE sobre el si o el no al pacte entre els sociatas i Ciutadans. 
Jo no hi podré votar perquè ja fa bastants anyets que vaig engegar als Sociatas a la merda perquè vaig considerar que havien deixat de ser socialistes, però si demà pogués votar, el meu vot seria el d'un NO rotund a aquest acord presentat pel Pedro Sánchez de la maneta de la nova dreta, caigui qui caigui i encara que el partit (que va ser el meu) exploti pels 4 costats i que el Secretari General es precipiti a les profunditats de l'Avern.
I pel que fa a PODEMOS, força política amb la que a data d'avui (torneu-m'ho a preguntar demà) em trobo relativament més a prop malgrat la distància còsmica que em separa d'ells pel paper d'estrassa que han fet en la negociació d'un pacte de Govern, diré que ja els hi val i que el que no es pot fer és posar per davant la ideologia (cuinada en 1 laboratori de la Uni) a les necessitats i el patiment de la gent del dia a dia.
Joder!!!... quin panorama més patètic. Tot plegat fa pena per no dir fàstic.
Pareu el putu carrusel que m'hi estic marejant i passo de tot i he decidit que em faig maquis i "me tiro al monte".

11.2.16

La Unión Europea ha de democratizarse o se desintegrará

Por su interés, facilitamos el enlace al Manifiesto lanzado por el DiEM25 (Democracy in Europe Movement 25) al que este Blog se ha suscrito, comparte y hace suyo.

Salud!

15.1.16

Un Plan B para Europa. Llamamiento para construir un espacio de convergencia europeo contra la austeridad y para la construcción de una verdadera democracia

En julio de 2015 asistimos a un Golpe de Estado financiero ejecutado desde la Unión Europea y sus Instituciones contra el Gobierno griego condenando a la población griega a seguir sufriendo las políticas de austeridad que ya habían rechazado en dos ocasiones a través de las urnas.
Este golpe ha intensificado el debate sobre el poder de las instituciones de la Unión Europea, su incompatibilidad con la democracia y su papel como garante de los derechos básicos exigidos por los europeos.
Sabemos que existen alternativas a la austeridad. Iniciativas como “Por un Plan B en Europa”, “Austerexit” o DiEM25 (Democracy in Europe Movement 2025) denuncian el chantaje del tercer memorando de entendimiento impuesto a Grecia, el fracaso económico que supondrá y el carácter antidemocrático de la UE. Reconocido por el mismo presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien declaró: “No puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos”.
También somos testigos de la respuesta insolidaria (en ocasiones hasta xenófoba), de las Instituciones Europeas y de los Estados Miembros ante la llegada de refugiados procedentes de Oriente Medio y África, y ante el drama humano que ello conlleva. Remarcando la hipocresía del discurso de la UE respecto a los DDHH, que de forma indirecta, a través de la venta de armas o con políticas comerciales, es un actor clave en los conflictos que han provocado las recientes crisis humanitarias.
El régimen de crisis de la UE, iniciado hace ocho años y basado en la austeridad, privatiza los bienes comunes y destruye los derechos sociales y laborales en lugar de hacer frente a las causas iniciales de la crisis; la desregulación del sistema financiero y la captura corporativa de las instituciones de la UE a través de los grandes lobbies y las puertas giratorias. 
La UE promueve soluciones falsas negociando, con gran opacidad y sin apenas control democrático, tratados de comercio e inversión como el TTIP, el CETA o el TiSA, que eliminan lo que consideran barreras al comercio: los derechos y normas que protegen a la ciudadanía, a los trabajadores o al medio ambiente. 
Es el golpe definitivo a nuestras democracias y al Estado de Derecho, especialmente a través de los mecanismos de protección al inversor.
La actual UE está gobernada de facto por una tecnocracia al servicio de los intereses de una pequeña, pero poderosa, minoría de poderes económicos y financieros. Todo ello ha provocado el resurgimiento del discurso de la extrema derecha y de posiciones xenófobas y nacionalistas en muchos países de Europa. 
Los demócratas tenemos la responsabilidad de reaccionar ante esta amenaza e impedir que los fascismos capitalicen el dolor y el descontento de la ciudadanía, la cual a pesar de todo ha demostrado solidaridad ante la tragedia humanitaria que sufren cientos de miles de personas refugiadas.
La sociedad ya se ha puesto a trabajar por un cambio radical en las políticas de la UE. 
Movilizaciones sociales, como Blockupy, la campaña NO al TTIP, el Alter Summit, la huelga general europea en 2012, las Euromarchas, o el ingente trabajo realizado por numerosas plataformas ciudadanas y ONG’s, suponen un valioso capital humano, intelectual e ideológico por la defensa de los Derechos Humanos, el respeto a la Tierra y a la dignidad de las personas por encima de intereses políticos y económicos. Creemos, sin embargo, que es necesaria una mayor coordinación y cooperación práctica para la movilización a nivel europeo.
Hay muchas propuestas en marcha para acabar con la austeridad: una política fiscal justa y el cierre de paraísos fiscales, sistemas de intercambio complementarios, la remunicipalización de los servicios públicos, el reparto igualitario de todos los trabajos incluidos los cuidados en condiciones de dignidad, la apuesta por un modelo de producción basado en las energías renovables, y reformar o abolir el pacto fiscal europeo – formalmente Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria.
El ejemplo de Grecia nos ha mostrado que para hacer frente a la actual coyuntura debemos aunar esfuerzos desde todos los Estados Miembros y desde todas las esferas: política, intelectual y de la sociedad civil. Nuestra visión es solidaria e internacionalista.
Por estos motivos, queremos generar un espacio de confluencia en el que todas las personas, movimientos y organizaciones que nos oponemos a al modelo actual de Unión Europea y consensuar una agenda común de objetivos, proyectos y acciones, con el fin último de romper con el régimen de austeridad de la UE y democratizar radicalmente las Instituciones Europeas, poniéndolas al servicio de la ciudadanía.
Para ello proponemos convocar una conferencia europea los días 19, 20 y 21 de febrero en Madrid, y llamamos públicamente a participar en los debates, grupos de trabajo y exposiciones que allí se organizarán.

Para más información:
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13.10.15

Dialogant amb l'enemic. Un excel·lent exercici per construir la Democràcia

Font: Vilaweb (12-10-2015)


La CUP i el Cercle Català de Negocis van posar a debat el capitalisme en un debat celebrat a Sant Cugat. Moderat pel periodista Jofre Llompart, l’acte ‘El model econòmic de la Catalunya independent’ es va celebrar dimecres passat al Casal Torreblanca, organitzat per Cal Temerari i la JNC. L’acte, que va omplir la sala, va servir per contraposar els punts de vista d’un anticapitalista, Josep Manel Busqueta, amb el CEO de l’empresa Black Swan Familiy Office, Albert Pont, president del Cercle Català de Negocis. 
Busqueta és partidari de superar el sistema. Pont és partidari de fer grans reformes. Per això entre tots dos es van trobar discrepàncies, però també punts en comú. ‘L’enemic, si és que n’hi ha algun, és el gran capital’ va afirmar Pont. 
VilaWeb us ofereix la transcripció editada del debat, que podeu veure sencer en aquest vídeo:


Albert Pont: 
Sovint se’ns presenta com una entitat d’empresaris. Som més aviat treballadors per compte propi. Que ja és prou. De vegades a l’empresari se l’acusa d’apropiar-se d’una plusvàlua que no ha generat. Per alguns de nosaltres les nostres empreses fa deu anys que no generen plusvàlues. Prou feines cobrint costos. I amb això anem tirant. Tinc la sensació, potser errònia, que d’alguna manera el gran capital ens està fent creure que empresaris i treballadors són enemics. Que defensen posicions antagòniques. I em temo molt que ens estan prenent el pèl. L’enemic, si és que n’hi ha algun, és el gran capital. Estem veient com Madrid defensa un model econòmic en el qual no crec. Més enllà de si és capitalista, o no. Es defensa un model on una vintena de grans multinacionals depenen d’un únic client, l’estat espanyol. I es dediquen, per tant, a construir infraestructures que després no serveixen per a res. Ho vam veure amb els JJ.OO de Madrid. La candidatura va perdre tres vegades. Però Anna Botella ja ho va dir: ‘No patiu, el 85% dels beneficis que generen unes olimpíades ja estant fets’. Volia dir, 12.000 milions d’euros de deute que havia generat Madrid. Part del problema és aquest. Hi ha un punt de connexió entre el benefici privat d’aquestes 20 o 30 empreses i el deute públic de l’estat.
D’alguna manera teníem uns models econòmics, el keynesianisme, el liberalisme, que es contraposaven. I tots dos s’han aplicat malament. En cap cas el keynesianisme deia que l’estat s’havia de sobreendeutar en època de creixement econòmic. És el que ha acabat passant. Per a mi també està demostrat que el capitalisme genera desigualtat. Per això tenies l’estat. Per corregir aquests errors. Però no s’ha fet així. En època d’expansió econòmica l’estat ha generat demanda interna, era cada vegada més fort, s’endeutava. I ara en època de recessió, doncs l’estat no té aquesta capacitat hagués tingut si s’haguessin aplicat les polítiques de manual que han regit Europa i el món occidental bona part del segle XX. Però ara no ha estat així.
‘Em considero un acèrrim defensor de l’estat del benestar. No sóc liberal, en aquest sentit. L’estat del benestar s’ha sustentat sobre una pressió fiscal sobre el factor treball. Això funciona així, i continuarà funcionant així, en aquells països on hi hagi un atur del 3%, del 6%, del 8%. El centre d’Europa. Però en països com Espanya, Grècia, l’estat del benestar no es pot sustentar únicament en repercutir fiscalment en el sector treball. La pregunta és, on doncs? Primera, a l’empresa. Segon, en els àmbits econòmics. Hi ha hagut intents d’establir cànons al moviment de capitals, per exemple. Intents que s’han bloquejat. Perquè la pregunta que em faig és la següent: l’oligarquia espanyola, entre els quals n’hi ha quatre o cinc de catalans, permetran que l’estat del benestar se sustenti gravant les seves activitats? De cap manera. De cap manera’.

Josep Manel Busqueta: 
‘Ens cal que les persones tinguin uns sous més dignes. Que els salaris que cobra la gent siguin més elevats. Perquè sabem que la gent acostuma a gastar el que cobra. O estalvien, a vegades, una mica. Però l’estalvi s’acaba gastant en un cotxe, o una rentadora, que necessita una capacitat de despesa més important. Si som capaços de plantejar polítiques de salaris millors, i podem reactivar el seu nivell de consum, som conscients que això potencia la indústria. Si tenim estructures d’estat, podem fer polítiques fiscals. D’una banda, reduïm els impostos indirectes, tipus IVA, i també intentem reduir les càrregues impositives a la petita i mitjana indústria, que és la que genera llocs de treball arrelats al territori’. Fixeu-vos: des de l’anticapitalisme plantegem la reducció d’impostos, que ja és molt dir. Seria una qüestió bastant raonable. Però és clar: quan plantegem això ens trobem que no podem fer-ho. Perquè estem en el marc de la unió econòmica i monetària. I fer això no és possible’.
‘Us ho asseguro que voldríem rebentar el capitalisme. És el que ens demana el cos. Perquè el capitalisme ens porta a societats angoixades, tristes i fracassades. I això no va enlloc. Però som conscients que som on som, i hem de fer polítiques de real política. La real política ens porta a dir: en un context com el que tenim anem a fer polítiques de demanda efectiva, de reactivació de la indústria. No basar tota l’economia en un sector, els serveis, que acumula el 69% de l’economia catalana i genera treball precari. Però això topa amb el procés de construcció europea. Pensem que en el marc de la nostra independència també hem de plantejar aquestes polítiques que són evidents. Algú pot pensar: ens n’estem sortint, de la crisi. Exemple? Grècia. Aplicació de tres memoràndums seguits segons les polítiques europees. Destrucció d’un 25% del seu PIB. Aquest no és el camí ni per fer polítiques mínimament sensates, com les que us plantejava. I heu pogut sentir de viva veu un anticapitalista que s’han de reduir impostos’.

Albert Pont: 
‘A rebentar-ho tot? Però Per què? No sortim d’un àmbit teòric. L’economia cooperativista té el seu espai. Tindrà el seu espai. I cada vegada serà molt més potent. Dubto que acabi substituint a la resta de l’economia. Però si crec que tindrà un rol a jugar. Des del CCN vam impulsar algun projecte de moneda social, com l’Eurocat. Considerem que des dels sectors empresarials és important recuperar part del sistema bancari que ens han pres. I crear moneda social des de la mateixa economia amb la qual es pugui pagar, o cobrar, una part de les factures. Per fer-nos més independents del sistema bancari. Un sistema que no vetllaran per res pels nostres interessos. Com a nota anecdòtica: Foment aquest any té previst invertir a Girona dues rotondes. Però en canvi ha donat a Abertis 2.000 milions d’euros per compensacions. Per haver alliberat un tram de l’autopista AP-7 a Girona. Aquest és el problema. Perquè una única empresa gestiona el 80% de les autopistes? Perquè no es fa a trams? I els empresaris locals podrien licitar. Com que tot està manegat per un oligopoli, no es fa. Això no és capitalisme. És oligopoli. Ja és hora que donem aquestes concessions a una altra empresa’.
‘Per alta banda la independència ens aporta una situació privilegiada: podem pensar quin model de societat de país i econòmic volem. La gent emigra a Alemanya. No a Bielorússia. Això diu molt. Perquè una economia funcioni ha d’haver-hi un estat que neutralitzi les diferències i desigualtat. I permetre que els territoris es governin a si mateix. La competència horitzontal. Funciona als EUA. No m’agrada posar com a exemple els EUA, però això és així’.

Josep Manel Busqueta: 
‘Hem de sacrificar la nostra societat per continuar engreixant els comptes d’aquest sector financer? Estem en una situació on la societat està tocant el moll de l’os. Vivim en una societat on hi ha famílies de quatre persones que no tenen ni 500 euros per passar el mes. A les nostres escoles es passa gana. Aquesta és la realitat. Sabent això, és legítim continuar pagant el deute? Disposarem d’uns recursos que els haurem de pagar a BBVA, Banc Sabadell quan sabem que existeix aquesta realitat? O la primera raó moral d’un govern hauria de ser cobrir les condicions bàsiques elementals? La gana, l’electricitat, l’aigua. No estem parlant de res més. Doncs sabem que no podrem! Negociarem això amb tota la forca i ens diran que no ho podrem garantir. Perquè per garantit això, ho tenim calculat, hem de contemplar la moratòria del pagament dels interessos al bancBBVA i la CaixaBank. I ens diran que no pot ser! I ens ho haurem d’empassar pel procés! Perdoneu’.
‘Hem d’entendre en quin capitalisme vivim. I ja em disculparà l’Albert, però el capitalisme de la competència, només existeix als manuals. La tendència del capitalisme és la concentració. Cada vegada menys persones, controlen més. I tenen més capacitat de decidir. Això és el nostre món econòmic. En agricultura, en automòbil, en tots els sectors, la competència és utopia. No existeix. Els oligopolis controlen la realitat econòmica. La construcció d’Europa és un espai construït a mida d’ells. Hem de començar a reaccionar davant això. I exigir l’obvi. Nosaltres entenem que ens trobem a la situació de plantejar ‘pa, terra i pau’ perquè això es pugui anomenar societat sense que ens caigui la cara de vergonya. Però per plantejar ‘pa terra i pau’ hem de començar a plantejar desobeir aquestes lleis del mercat. Aquesta imposició. Són oligopolis que ens tenen agafats els nostres governs pel coll. Aquesta és la realitat. El rei va nu. Algú ha de començar a explicar-ho. Si ens toca a nosaltres ho farem: el rei va en pilotes’.

Albert Pont: ‘Compartim algunes de les idees que es presenten. Que hi ha una concentració del capital és evident. No sóc en absolut insensible al patiment de moltes famílies. No m’agrada aprofitar-ho pel meu discurs, però això és un altre tema. Per mi hi ha diversos elements. El procés sobiranista no és tant un conflicte entre territoris, sinó entre classes socials. El poder polític juga amb nosaltres, amb la bona fe de les persones. Ho tenim fotut. Però ja és molt si aconseguim identificar un mateix rival: el gran capital. Podem prescindir del gran capital. Però no de l’autònom, ni del petit empresari. Jo estic molt satisfet de plataformes d’economia cooperativa. Hi he participat també. Però cada cosa té un lloc a l’economia.