
Conocí a Tieck a través de la lectura de "La Caída de la Casa Usher" del maestro Edgar Allan Poe. Una
obra sublime e inquietante que es pecado mortal no haber leído.
Aquel
viernes en que me acerqué a Tieck estaba en casa de mi misántropo amigo,
el Malvado Mabuse.
Era medianoche cerrada, la fría humedad del invierno de Barcelona que entraba por la ventana para oxigenar la
estancia nos calaba los huesos.
Habíamos bebido demasiado y fumado más de la cuenta, y para todo comer, habíamos dado buena cuenta de un mísero gazpacho mojado en pan Bimbo al son diabólico de un inhumano, espectral y jodido organillo que no paraba de sonar y que nos taladraba la cabeza y la paciencia.
¿Era un sonido real o el resultado de algún residuo psíquico que quedó por allí tras una sesión de Ouija?. Nunca lo sabremos ni tampoco hablamos jamás sobre ello.
Habíamos bebido demasiado y fumado más de la cuenta, y para todo comer, habíamos dado buena cuenta de un mísero gazpacho mojado en pan Bimbo al son diabólico de un inhumano, espectral y jodido organillo que no paraba de sonar y que nos taladraba la cabeza y la paciencia.
¿Era un sonido real o el resultado de algún residuo psíquico que quedó por allí tras una sesión de Ouija?. Nunca lo sabremos ni tampoco hablamos jamás sobre ello.
Después de la cena espartana, recuperado el equilibrio mental y repantigados en el sofá, escuchamos
en absoluto silencio el relato de Poe en versión
de Juan José Plans (con un cassette, a lo tradicional…. aunque ahora la puedes encontrar en
podcast) y después se hizo un inquietante y denso silencio.
Mabuse,
mientras rellenaba de nuevo los vasos con mas whisky (es un auténtico connoisseur de este brebaje) aunque con escasa
puntería derramándome buena parte del mismo en la mano (sin queja alguna por mi
parte), me preguntó:
"Eh, cabronazo, has reparado en
Tieck?".
Yo, bastante
aturdido por el alcohol y los "divinos" cigarrillos que habíamos fumado
con profusión, no acerté a responderle más que con una mirada ida y un profundo
gruñido que quería expresar algo semejante a "de que cojones me hablas?", mientras que sin darme
cuenta, el Pérfido Mabuse ya tenía en sus huesudas y largas manos como de pianista el gastado ejemplar de
las "Narraciones Extraordinarias"
de Poe traducidas por Julio Cortázar (un absoluto tesoro, la Biblia de los Condenados)
y me estaba leyendo, el párrafo de marras del relato de Poe:
"Nuestros libros (los libros que,
durante años, habían formado no pequeña parte de la existencia de aquel inválido)
estaban, como puede suponerse, en estrecha conformidad con aquel carácter de
visionario. Escudriñábamos juntos en las páginas de obras como Ververt et
Chartreuse, de Gresset; el Belfegor, de Macchiavelli; el Cielo e Infierno, de
Swedenborg; el Viaje Subterráneo de Nicolás Klinun, por Holberg; las
Quiromancias, de Roberto Flud, de Juan de Indaginé, y de De La Chambre; el
Viaje a la Azul Distancia, de Tieck; y la Ciudad del Sol, de Campanella".
Tras
su lectura, Mabuse me dijo:
"Tanto tu como yo, hemos leído
todos y cada uno de los volúmenes que cita Poe en su relato pero ni tu ni yo
hemos podido acceder aún al "Viaje a la Azul Distancia" de Tieck. Te
das cuenta?. Es un libro inencontrable que no he podido hallar ni en la
librería de ejemplares antiguos y raros de mi familia, y eso me perturba y me
angustia".
Sabiendo
que la librería de la familia de Mabuse era quizás la más prestigiosa de la
ciudad y un referente internacional en cuanto a la venta de libros antiguos (en
la que por cierto conocimos juntos en nuestra preadolescencia la obra de
Murnau y la de Eisenstein, entre otras… Tiempos Gloriosos!!!), concluí que si
no estaba allí es que el volumen era prácticamente una obra imposible de encontrar.
Así,
Mabuse y yo empezamos un diálogo sobre Tieck y su misterioso Viaje a la Azul Distancia, un libro misterioso
e inencontrable y quien sabe si imposible, con un título potente, brutal y de
resonancias lovecraftianas que me llevó posteriormente a buscarlo sin éxito por todas partes
pero que quizás era un trasunto del
inencontrable Necronomicon de H.P. Lovecraft, y que con el tiempo me llevó a recorrer su obra y a situarla en el lugar
que le corresponde como uno de los fundamentos en la arquitectura argumental de
Poe y en el desarrollo posterior de la literatura fantástica y de terror del
siglo XIX.
Pero
hablemos de Tieck.
Johann
Ludwig Tieck nació en Berlín el 5 de mayo de 1773.
Después
de estudiar filología y literatura en las universidades de Halle, Göttingen y
Erlangen 1792-1794, Tieck se embarcó en una carrera como escritor profesional.
Regresó a Berlín, donde permaneció hasta 1799 , escribiendo cuentos moralistas
y satíricos de poca monta y de escaso interés para el editor Friedrich Nicolai,
sino también a publicar sus propios cuentos sobrenaturales y fantásticos.
Tieck,
Intelectual potente, racionalista y firme seguidor de los ideales de la
Ilustración, tras diversas vicisitudes y
experiencias vitales varias, en 1794 adaptará viejos cuentos populares alemanes
y escribirá cuentos propios sobre lo sobrenatural y lo extraño como El
monte de las Runas (1802) y
Der
blonde Eckbert (1797), una inquietante historia de culpabilidad, incesto, locura y
sucesos sobrenaturales en la que el personaje principal trata de superar su
vida solitaria por confiar sus secretos más íntimos
a los demás, pero la introspección y la confesión sólo revelan una verdad más
horrible, que le sumerge en una profunda locura.
Tras
diversas incursiones de menor importancia en el territorio literario de la
sátira y el drama histórico, como Leben
und Tod der heiligen Genoveva (1799) y
Kaiser Octavio (1804) y ser un
precursor del teatro experimental del siglo XX con obras como Prinz Zerbino y Der gestiefelte Kater, en 1799, Tieck entra en contacto con un
grupo de escritores románticos de Jena, principalmente Novalis y August Wilhelm y
Friedrich von Schlegel y colaborará
activamente con ellos en la edición de la poesía medieval.
Tieck
también traducirá al alemán El Quijote
de Cervantes (convirtiéndose en un hispanista avant la lettre) así como las obras de William
Shakespeare.
Su
narrativa extensa se encuentra al principio muy influida por el masón Goethe y la corriente del Sturm und Drang, de
forma que resulta ser de carácter gótico o fantástico; en ella sobresalen su
novela epistolar La historia del señor William Lowell (1795-1796), Vida
de poeta (1826)
y El joven ebanista (1836).
Lo
que más me ha interesado de las lecturas del desconocido Tieck son sus relatos sobre vampiros, en primer
lugar No despertéis a
los muertos (1800), que constituye la tercera incursión del
Romanticismo en el mito de la mujer-vampira tras las seminales Lenore de Gottfried August Bürger (1773) y La
novia de Corinto (1797) de Goethe y que ejercerá una influencia
innegable en la génesis y el desarrollo de los relatos
de vampiras en la obra de Poe y posteriormente en la inquietante y
magistral Carmilla,
de Sheridan Le Fanu.
En
definitiva, Tieck es un tipo francamente interesante y siendo una rareza
leerlo, diré que para los fieles a Poe en general y a la novela gótica en
particular es una fuente imprescindible que permite entender los desarrollos
posteriores de la misma.
Y como
siempre, gracias Pérfido Mabuse, amigo mío…y sigamos juntos la febril búsqueda de un libro perdido y posiblemente inencontrable.
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